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Maduro no puede desactivar la bomba del estallido social

viernes 01 de noviembre de 2019, 15:02h
Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- Maduro está avisado. El calvario va por dentro, le dicen desde el chavismo. Que es lo mismo que decir que las condiciones objetivas están dadas, están puestas sobre la mesa, para que en Venezuela explote la chispa. Maduro lo sabe. No está sordo. Por eso no aplica medidas que sorprendan al pueblo. Por eso la política económica de Maduro es inconexa. Parcial. Contradictoria. Por un lado intenta paliar la inflación y por el otro la alimenta. Porque Maduro sabe que cualquier movimiento en falso, cualquier paso equivocado, será mortal. Es que la situación en Venezuela es peor que la de Chile, que la de Ecuador, que la de Argentina.
La protesta regional puede ser contagiosa / ALN: Luis Zapata
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La protesta regional puede ser contagiosa / ALN: Luis Zapata

Maduro sabe que el efecto contagio es posible. Y por ello apela al arma que tiene a mano, disponible. A la amenaza de la represión. Y para ello cuenta con los cuerpos policiales y parapoliciales. Con el terrorismo de Estado. El miedo que paraliza.

La excusa son los casos de Ecuador y Chile. Pero el mensaje...

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Maduro sabe que no va a solucionar la crisis. Que no tiene recursos ni equipos ni condiciones ni crédito ni ideas para superar la crisis. De allí que el estallido social sea un fantasma latente. De todas las opciones que están sobre la mesa, el estallido social es la amenaza que Maduro no ha podido conjurar. El fantasma de la intervención militar ya se fue, porque los países del Grupo de Lima nunca la quisieron y menos ahora que muchos de ellos han entrado en situación complicada o en cambio de tendencia política.

Pero queda ese otro fantasma. Porque la crisis se siente en cada barrio, en cada casa, en la calle, en las universidades, en los hospitales, en las empresas, en las fábricas, en el campo. La crisis la sufren mujeres y jóvenes, niños y hombres, ancianos y profesionales. Van los ancianos a los bancos a cobrar la pensión, no les entregan completo el dinero, y dentro del mismo banco se arma la protesta, y lo que se dice es que hay que salir de Maduro.

Y salir de Maduro es lo que dicen las maestras y las enfermeras que protestan. Juan Guaidó apunta el drama de esta manera: Las maestras y las enfermeras pagan por trabajar, no les pagan, y trabajan por convicción, por vocación. Guaidó dice: esta vida no es normal. Y la lucha es por volver a la normalidad. Para que el metro de Caracas funcione todos los días y no un día sí y otro no, y para que haya agua y electricidad todos los días, y para que si vas al mercado y compras los alimentos, aun te alcance para pagar el transporte. Las encuestas siguen sin favorecer a Maduro. La calle sigue sin aceptarlo. Y por ello es que Maduro evita equivocarse con las medidas.

A este ambiente apela Juan Guaidó. A este clima. A este escenario. Que suma la protesta regional. El descontento regional. Que puede ser contagioso. Y más cuando la salida a la crisis que plantea Maduro no es la correcta. Maduro quiere un nuevo CNE, pactado con un sector no representativo de la oposición. Maduro quiere elecciones parlamentarias, en las que participará solo ese sector no representativo, porque Guaidó ya ha dicho no, y ha dicho que la crisis no comenzó con las elecciones parlamentarias sino con las elecciones fraudulentas de 2018. Aun más, la crisis se remonta a:

Así que la salida que plantea Maduro va a profundizar la crisis pues nadie, ni en el país ni en el exterior, les va a reconocer una Asamblea Nacional que salga de otras elecciones fraudulentas. Hasta sus propios socios, Rusia y China, se lo van a reclamar. Guaidó ha dicho: La estrategia de 2018 no les funcionó y esta menos les va a funcionar.

La elección ilegal de la Asamblea Nacional Constituyente.

Y a la designación fraudulenta del Tribunal Supremo de Justicia con los magistrados express.

Y a que el Consejo Nacional Electoral quedó al descubierto cuando Smarmatic reveló que se habían alterado los resultados de la misma elección fraudulenta de 2018: doble fraude. La elección en sí misma convocada por la ANC ilegal. Y el escrutinio al ser abultado el volumen de votos.

Es más, la crisis comenzó cuando Maduro y Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez y Tareck El Aissami y Rafael Ramírez, le robaron en 2013 la presidencia a Henrique Capriles.

Así que la salida que plantea Maduro va a profundizar la crisis pues nadie, ni en el país ni en el exterior, les va a reconocer una Asamblea Nacional que salga de otras elecciones fraudulentas. Hasta sus propios socios, Rusia y China, se lo van a reclamar. Guaidó ha dicho: La estrategia de 2018 no les funcionó y esta menos les va a funcionar.

Así está el cuadro social. Así está el cuadro político. Maduro lo sabe. Es minoría. Y tiene una bomba de tiempo. Una bomba de tiempo que no ha podido desactivar. Y esa bomba de tiempo es también un fantasma que no ha podido espantar. Por eso se lo advierten desde el chavismo. Que el estallido social hará que el chavismo, todo el chavismo, estalle también. Eso es lo que temen los chavistas que están fuera del poder y le gritan a Maduro que se dé cuenta. Maduro lo sabe pero ¿qué puede hacer? Está atrapado en su propia tragedia. Y Guaidó también lo sabe. Y lo dice: aquí en Venezuela no hay polarización. La mayoría del país está contra Maduro. Solo falta activar esa mayoría. Ejercerla. No represar la energía que posee esa mayoría.

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