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Hacia dónde conduce la nueva estructura del poder en Cuba

domingo 22 de diciembre de 2019, 14:00h
Por Caleb Zuleta (KonZ).- La nueva Constitución de Cuba abre la puerta a una estructura de poder colegiada. Una señal en dirección contraria a la tendencia de los gobiernos bolivarianos. El académico de origen cubano que reside en México, Rafael Rojas hace el análisis. Y responde a la inquietud de quiénes se preguntaron por qué un año y medio después de suceder a Raúl Castro en la Presidencia, Miguel Díaz-Canel tuvo que ser electo otra vez en 2019.
La Constitución no especifica la función del primer secretario del Partido Comunista / Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba
La Constitución no especifica la función del primer secretario del Partido Comunista / Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba

El punto central es que hay una nueva Constitución en Cuba. Escribe Rafael Rojas en la revista Nueva Sociedad que “a contracorriente del neopresidencialismo latinoamericano, el nuevo texto de febrero de 2019 en Cuba distribuye el poder central entre varias figuras de peso administrativo”. Estas son:

El primer secretario del Partido Comunista.

El presidente de la Asamblea Nacional que pasa a ser además presidente del Consejo de Estado.

El primer ministro del gobierno.

Y el presidente de la República.

“El avance hacia un esquema de sucesión presidencial, cada dos quinquenios, bajo un Partido Comunista único, como en China, busca una renovación generacional permanente en el máximo liderazgo, que se asegura con el límite de 60 años de edad para ser candidato presidencial en el primer periodo. Eso significaría que en diez años la gran mayoría de la clase política cubana actual quedará fuera del máximo liderazgo del país.”

Señala Rojas (Historiador y ensayista, autor de La polis literaria. La Revolución, el boom y la Guerra Fría y Presidential Global Scholar en la Universidad de Yale) que “de una estructura de poder hiperconcentrada en las figuras de Fidel y Raúl Castro se ha pasado a una ramificación de la autoridad central, que hay que analizar con cuidado. La introducción de la figura del primer ministro, que sustrae potestades administrativas al presidente de la República y al Consejo de Estado, no corresponde a un desplazamiento hacia el semiparlamentarismo, ya que no hay avances mínimos en la profesionalización de los representantes ni un reforzamiento de la autoridad legislativa y electoral de la Asamblea Nacional del Poder Popular”.

Así es el rediseño del poder en Cuba. El texto de Rafael Rojas se llama, “Cuba: ¿hacia un presidencialismo colegiado?”. En él señala que la nueva estructura plantea cambios tan sensibles como que “la Presidencia de la República se separa de la jefatura del gobierno, que será encabezada por un primer ministro designado por el presidente. (Entre 1976 y 2006, Fidel Castro había presidido el Consejo de Estado y de Ministros, ese era su cargo formal, heredado por Raúl Castro y el propio Díaz Canel)”.

Señala que esto cambia la tendencia de hacia dónde se venía moviendo la izquierda el bolivarianismo. Explica que “la hegemonía de la izquierda regional, a mediados de la primera década del XX, liderada en buena medida por Hugo Chávez, avanzó hacia un reforzamiento inédito del presidencialismo por medio de la reelección indefinida en algunos gobiernos bolivarianos. La tendencia al reeleccionismo se volvió generalizada en América Latina a mediados de la década pasada, aunque en su versión extrema, la del reeleccionismo indefinido, sólo logró concretarse en Venezuela y Nicaragua (y recientemente en Bolivia, de la mano de un fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional)”.

Pero no todo está claro en esta estructura de poder. Escribe el autor que “la nueva estructura del poder ejecutivo podría generar una superposición de roles. La Constitución cubana no especifica cuál es la función del primer secretario del Partido Comunista, pero indica que ese partido único «es la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado, que organiza y orienta la construcción del socialismo». No es poco. El presidente de la República «representa al Estado y dirige su política general». También «propone, presenta, conoce, otorga, recibe y evalúa» (son los verbos más repetidos en el artículo 128), y ejerce la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, al presidente del Consejo de Estado, que es a su vez el presidente de la Asamblea Nacional, se le concede la potestad de anular los decretos presidenciales que «contradigan la Constitución y las leyes». Según la Constitución la declaración del «estado de excepción o emergencia» corresponde al Presidente de la República, pero en el artículo 144 (Inciso I) se dice que el primer ministro «puede adoptar de forma excepcional decisiones de tipo ejecutivos-administrativos».

El esquema, tal y como está planteado, en opinión de Rojas, origina esta consecuencia de gran impacto: “El avance hacia un esquema de sucesión presidencial, cada dos quinquenios, bajo un Partido Comunista único, como en China, busca una renovación generacional permanente en el máximo liderazgo, que se asegura con el límite de 60 años de edad para ser candidato presidencial en el primer periodo. Eso significaría que en diez años la gran mayoría de la clase política cubana actual quedará fuera del máximo liderazgo del país. Pero como en China, esa renovación generacional en el poder ejecutivo no supone, necesariamente, flexibilización o pluralización ideológica y política, dadas las premisas inamovibles de un Partido Comunista único que apuesta prioritariamente a la continuidad”.

(Publicada originalmente el Domingo 24 de noviembre de 2019, 14:30)