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Cómo se explica que ahora haya tantos productos importados en Venezuela

lunes 25 de noviembre de 2019, 20:00h
Por Moris Beracha (Konz).- La economía está experimentando un cambio que ha permitido que en víspera de Navidad se vea un miniboom de importaciones que hace mucho tiempo no se veía. Si bien es cierto que sólo una pequeña parte de la población tiene acceso a la compra de estos productos, también es verdad que la oferta habla por sí sola.
Los ciudadanos están experimentando la dolarización chavista / Foto: Pixabay
Los ciudadanos están experimentando la dolarización chavista / Foto: Pixabay

La apertura a regañadientes que ha hecho Nicolas Maduro al levantar el control de cambio y de precios, ha oxigenado al sector comercial, empresarial e industrial. Habiendo desaparecido el modelo de adjudicaciones controladas de divisas por parte del Estado, son los privados quienes han impulsado el reacomodo. Son los ciudadanos los que están experimentando el cambio en la actividad económica y que ahora se hace llamar dolarización a la venezolana.

No se trata de un plan preconcebido, sino más bien de un accidente producto de las sanciones impuestas a la administración de Maduro pero también -y sobre todo- por el descalabro de la principal empresa del país: PDVSA.

Las divisas para ampliar la oferta en el mercado están siendo inyectadas en gran parte por el sector privado. Aunque cueste creerlo, sólo hay que detenerse un momento y desempolvar las cifras de fuga de capitales que se han dado en Venezuela desde 1998 y que -siendo conservadores- suman 500.000 millones de dólares.

Las divisas para ampliar la oferta en el mercado están siendo inyectadas en gran parte por el sector privado. Aunque cueste creerlo, sólo hay que detenerse un momento y desempolvar las cifras de fuga de capitales que se han dado en Venezuela desde 1998 y que -siendo conservadores- suman 500.000 millones de dólares.

Aunque parezca mentira, somos un ejemplo de una economía que -pese a los controles- logró sacar del país esa gran cantidad de dinero y que explica, en parte, de dónde algunos privados están utilizando sus divisas para importar bienes a Venezuela. No se debe pensar que esto sólo lo hicieron grandes empresas, ciudadanos de a pie también sintieron la inseguridad jurídica. Por ello, decidieron sacar sus pocas o muchas divisas del país y protegerse, además, del fenómeno inflacionario que ha vaciado los bolsillos de los trabajadores.

Desde la llegada de Hugo Chávez al poder no hubo incentivos para que las personas naturales o las empresas se atrevieran a invertir en el país; a sembrar sus ganancias en suelo venezolano. Es ahora -con la desaparición de un modelo que regía el tráfico de dólares y controlaba sus flujos- que un grupo de importadores se ha atrevido a ofrecer productos que importa a través de puertos venezolanos, compra a precios más económicos en el exterior, y los ofrece compitiendo con la producción nacional que desafortunadamente resulta extremadamente costosa.

No hay ninguna diferencia entre ese venezolano que se va los fines de semana a la frontera con Colombia, adquiere productos en Cúcuta por encargo, y cobra una tasa por traerlos a Caracas, y el importador puerta a puerta que tiene un establecimiento y despacha desde allí. Mucho menos hay diferencia con un empresario que ha ampliado su oferta de productos trayendo vía containers alimentos, vestuario, productos de cuidado personal o insumos tecnológicos.

No se descarta, claro está, que negocios ilegales como el narcotráfico o la venta de oro a expensas de la explotación de los estados Bolívar y Amazonas se sumen a las cifras totales que han hecho aumentar la circulación de divisas en Venezuela. Sin embargo, de ninguna manera constituyen las fuentes principales que alimentan de divisas a la economía.

Quizá para entender mejor lo que está ocurriendo en el país hay que detenerse a pensar con detenimiento y sobre todo girar la mirada al pasado. Se deben tomar en cuenta las grandes cantidades de divisas generadas y trasladadas fuera del país por la inseguridad jurídica y desincentivos a la reinversión que constituyeron los pilares fundamentales de la hecatombe económica que dejó tierra arrasada.