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Lorenzo Mendoza: Será difícil explicar qué pasó en Venezuela en los últimos 25 años

viernes 06 de diciembre de 2019, 15:02h
Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- Lorenzo Mendoza estable el contraste entre lo que era la promesa de lo que ofrecía la potencialidad del país, “y lo que recogemos como cosecha al final de este cuarto de siglo no puede ser más desconcertante”. Desconcertante, y, agrega, “más complejo aún que determinar qué ocurrió —para ello existen los registros históricos, económicos y estadísticos— será interpretar el porqué de lo ocurrido. Y en esta explicación se encontrarán seguramente las claves que habrán de servir de enseñanza a las generaciones del futuro”.
Lorenzo Mendoza cree que habrá un milagro en Venezuela / Foto: Empresas Polar
Lorenzo Mendoza cree que habrá un milagro en Venezuela / Foto: Empresas Polar

Lorenzo Mendoza gerencia, habla y escribe. En esta ocasión escribe. Opina. Lo hace en el libro La esencia del éxito en tiempos turbulentos, preparado y editado por el equipo de Venezuela Competitiva. El jefe del Grupo de Empresas Polar es el autor del prólogo, que tituló Una radiografía del éxito venezolano.

Porque de eso trata el libro de Venezuela Competitiva. En este 25 aniversario a la exministra Imelda Cisneros y a su equipo no se le ha ocurrido mejor idea que documentar 200 casos de éxitos. Pero 200 casos que la organización detectó hace 25 años y que confirman que a pesar de este tiempo turbulento, es posible salir a flote y ganarle a la adversidad o al entorno más complicado de la Venezuela contemporánea. En el texto están las claves de tales experiencias. O como bien señalan los autores, “las claves que les han permitido permanecer operativos y sobresalientes en uno de los períodos más inestables y amenazantes para la iniciativa empresarial y organizacional que conozca la historia contemporánea venezolana, analizando junto a ellos lo que han hecho y cómo lo han hecho para compartir aquí sus tácticas y estrategias”.

Los protagonistas de esta iniciativa, de este libro de obligada consulta, son Imelda Cisneros, coordinadora, y Vanessa Anderson, Josué Bonilla, Dunia de Barnola, Maike Lara, Sary Levy-Carciente y Ricardo Villasmil. El prólogo, ya lo señalamos, de Lorenzo Mendoza, quien parte afirmando que desde la fundación de Venezuela Competitiva se han producidos eventos en el país que “resultaban imposibles de prever”. ¿Quién lo pone en duda? Pese a ello, y por ello mismo, es que destacan los 200 casos de éxitos.

El estudio coordinado por Imelda Cisneros remite a 30 áreas de acción, emprendimientos distribuidos por 19 estados del país. “Entre 1994 y 2012 se evaluó un promedio de 100 organizaciones postulantes anuales, para llegar a un total de 200 casos documentados y publicados en 40 libros y 188 videos de la colección Éxito Venezolano, de los que 79 % son del sector privado y 22 % del público. Entre los casos del sector público, los gobiernos locales son los más numerosos con 50 % de incidencia, seguidos por las instituciones públicas que representan 23 %. En el sector privado, la predominancia es de empresas (48 %), seguidas por asociaciones civiles (22 %) y fundaciones (15%)”.

Lorenzo Mendoza afirma que “en los años por venir será difícil explicar qué ocurrió en Venezuela durante las últimas dos décadas y media”. ¿Ha pasado de todo? El todo no es abstracto. Es “una serie de eventos”. Y señala el empresario que aun los más acertados en el pronóstico, “fallaron al momento de calcular las consecuencias que finalmente se han precipitado y que hoy son causa de asombro en el mundo”. Pudiera hacerse una lista larga de esos eventos y lo que causaron. Pero no viene al caso. La siguiente frase de Lorenzo Mendoza resume el problema. Y tampoco es abstracta, ya que después de leída es posible imaginarlo todo. (El todo otra vez entra en escena). Mendoza estable el contraste entre lo que era la promesa de lo que ofrecía la potencialidad del país, “y lo que recogemos como cosecha al final de este cuarto de siglo no puede ser más desconcertante”. Desconcertante, y, agrega, “más complejo aún que determinar qué ocurrió —para ello existen los registros históricos, económicos y estadísticos— será interpretar el porqué de lo ocurrido. Y en esta explicación se encontrarán seguramente las claves que habrán de servir de enseñanza a las generaciones del futuro”.

La página no es posible pasarla. Aun así, hay que mirar hacia adelante. Y Mendoza lo hace. Desde la perspectiva de quien cree “en la iniciativa privada como motor principal —aunque no el único— para alcanzar el crecimiento económico y la tan deseada prosperidad social”. Por ello defiende la economía de mercado. Pero convencido, al mismo tiempo, de que ello no basta. Que hace falta desatar condiciones “necesarias para alcanzar el modelo de desarrollo que deseamos y que tanto se merecen los venezolanos de esta y de las próximas generaciones”.

Mendoza apunta como fundamental “un entorno que favorezca, estimule e impulse la educación, en todos los niveles, y que sitúe a este factor de progreso, tal como le corresponde, en el sitial preferente de nuestro modelo de país”. Recuerda que cuando hubo políticas que aumentaron la cantidad y calidad de la educación, Venezuela alcanzó “cotas de desarrollo que nunca antes había obtenido, y la calidad de vida de la gente comenzó a dar señales envidiables, al menos en comparación con las sociedades con las que nos corresponde equipararnos”. Pero cuando ocurrió lo contrario, los “venezolanos se encontraron no solo a merced de una crisis que parecía abarcar todas las esferas de la sociedad sino, peor aún, desprovistos de las herramientas para afrontarla”.

Observa una relación estrecha entre educación y participación ciudadana. Una mejor educación favorece la participación activa. En caso contrario, aparece el sujeto pasivo. El “individuo del que apenas se espera que acepte la ayuda que se le ofrece desde arriba — principalmente desde el Estado—, a cambio de ceder cada vez más en la defensa de sus derechos individuales. No es este el ejemplo que han seguido las sociedades exitosas ni las que han alcanzado cotas aceptables de bienestar para sus ciudadanos”.

Lorenzo Mendoza en cuanto empresario, defiende la iniciativa privada. Pero reconoce el papel del sector público. Porque al fin y al cabo se trata de construir una “economía robusta” y sana. Señala: “Así lo demuestran innumerables experiencias, dentro y fuera de Venezuela, de que los más grandes avances, los que más beneficios aportan a la sociedad, surgen a partir de una adecuada interacción público-privada”.

Por tanto, apunta, es “es imposible restar valor o desmeritar la capacidad de influencia de la inversión pública en una economía como la venezolana. Tal como han estado organizadas nuestras finanzas públicas a lo largo del último siglo, sería ilusorio pensar que el caudal de inversión pública del que ha disfrutado Venezuela pudiera haber sido sustituido por iniciativa estrictamente privada. Pero incluso cuando parece que la inmensa capacidad de inversión que llegó a tener el Estado ha llegado a su fin, todavía le queda al sector público el deber de actuar conforme con su verdadero rol que, más allá de sostener responsablemente el gasto público, debe enfocarse en destinar cualquier capacidad de inversión en los sectores primordiales para la sociedad: educación, salud, infraestructura, seguridad y defensa nacional. Además, es una responsabilidad ineludible del Estado el crear y defender un marco institucional y jurídico fuerte, transparente y equitativo, que brinde condiciones de confianza y seguridad para todos y al que se pueda recurrir en toda circunstancia. Este es el escenario bajo el que se presentarían, de forma natural, las condiciones que Venezuela Competitiva tanto se esfuerza en promover”.

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Ahora, importa en este contexto, el rol del liderazgo. Tanto que “para que la educación recupere el papel que le corresponde en la agenda de las prioridades nacionales; para que se formen ciudadanos participativos, capaces de impulsar un modelo de sociedad acorde con sus propias necesidades y aspiraciones; y para que se creen y se sostengan las instituciones que estimulen una economía sana, se necesitará, tal y como oportunamente ha diagnosticado Venezuela Competitiva, un liderazgo capaz de influenciar positivamente a la sociedad”.

Pero en efecto, un liderazgo positivo. Lo que pasa, señala Mendoza, es que “el complejo entorno global no puede, a estas alturas del siglo XXI, ofrecernos demasiados ejemplos de este tipo de liderazgo y, posiblemente, estén en lo cierto quienes analizan que una de las características del momento que nos toca vivir es precisamente la irrupción de líderes conflictivos, cuya fortaleza se basa no en la capacidad de inspirar y construir sino, por el contrario, en explotar sentimientos y creencias diferentes, o más bien opuestos, al de la defensa de un ideal incluyente y compartido por todos”. No hay que mencionar nombres. La referencia es clara.

A pesar de esta realidad, de la aparición de los liderazgos conflictivos, Lorenzo Mendoza dice que “esto no debe desanimarnos porque, tras la apariencia de que los líderes positivos han perdido la influencia que una vez tuvieron, o simplemente han salido de escena, subyace un sustrato de dirigentes entre quienes la idea del respeto a las diferencias, la tolerancia y la inclusión se sigue imponiendo frente a las corrientes que intentan sacar partido de la división. Estoy convencido de que en este último caso se inscribe Venezuela y de que, sin duda alguna, tendremos la oportunidad de comprobarlo”.

Y “una de las pruebas que tenemos para convencernos de esto, y para mantener ese terco optimismo que nos hace seguir presentes en la vida empresarial del país —soy un defensor del optimismo, hasta el grado de la terquedad— es el conjunto de ejemplos de esfuerzo y trabajo que constituye el objeto de estudio de Venezuela Competitiva, y que aparece rigurosamente documentado en este libro, que representa una detallada radiografía de 25 años de éxito venezolano. Y no cualquier éxito, sino aquel que alcanzan los emprendimientos locales, grandes o pequeños, públicos o privados, bien sea que se trate de iniciativas orientadas a obtener beneficios o de organizaciones para el desarrollo social, pero todos originados a partir de la innovación, del descubrimiento de oportunidades y del liderazgo positivo, es decir, el sustrato propio de la competitividad”.

Todo esto lo dice quien es líder del grupo empresarial de mayor éxito de las últimas décadas en Venezuela. Y hace referencia a los 200 casos de éxitos. El estudio coordinado por Imelda Cisneros remite a 30 áreas de acción, emprendimientos distribuidos por 19 estados del país. “Entre 1994 y 2012 se evaluó un promedio de 100 organizaciones postulantes anuales, para llegar a un total de 200 casos documentados y publicados en 40 libros y 188 videos de la colección Éxito Venezolano, de los que 79 % son del sector privado y 22 % del público. Entre los casos del sector público, los gobiernos locales son los más numerosos con 50 % de incidencia, seguidos por las instituciones públicas que representan 23 %. En el sector privado, la predominancia es de empresas (48 %), seguidas por asociaciones civiles (22 %) y fundaciones (15%)”.

Señala el estudio que “para marzo de 2019, 87 % de los casos reconocidos con el Premio a la Excelencia permanecían activos, 6 % había cerrado y 7 % se había transformado, cambiando de ramo, fusionándose o transformando sustancialmente sus operaciones”. El dato es notable. De los casos, el 87% sigue activo y apenas el 6% había cerrado. Esta es la prueba de la que escribe Lorenzo Mendoza. Y a la que remite como fundamento para ser optimistas. Apunta el estudio que “de los casos cerrados, 67 % corresponden al sector privado y 33 % al público; de los transformados 46 % son privados y 52 % públicos. El porcentaje de casos cerrados o transformados en el sector de la sociedad civil está por debajo de 1 % (frente a 7 % promedio en las empresas u 8 % en los públicos)”.

Señala Mendoza que “como empresario, me siento estrechamente identificado con las ideas del estímulo a la competitividad que desde aquí se promueven. Pero más allá de esto, como ciudadano, me he sentido siempre impulsado por el compromiso con Venezuela, hacia el destino de prosperidad que nuestro país debe alcanzar”. Y agrega que “las evidencias recogidas en esta obra —soy testigo presencial de muchas de ellas— nos hablan claramente de la persistencia de un tejido empresarial y de la sociedad civil que ha desafiado todas las dificultades asociadas con el permanente acecho de la crisis, y las ha reemplazado por las ideas de la perseverancia, de la excelencia y del compromiso, tan eficaces para brindar inspiración cuando más se necesita; y también por valores que compartimos e impulsamos en nuestro quehacer diario, como la libertad responsable, la pasión por lo que hacemos, la solidaridad y la justicia”.

Dicho lo anterior, Lorenzo Mendoza apuesta que los casos “no son excepcionales”, “ni tampoco han ocurrido por casualidad, o porque sus promotores se equivocaron cuando eligieron a Venezuela como destino principal de sus anhelos y esfuerzos. El potencial y la oferta de un futuro brillante, quizás el más promisorio de nuestra región, no se han desvanecido durante estos 25 años. Muy por el contrario, este futuro sigue orbitando sobre nosotros, tan obstinado como quienes creemos en él, esperando que nos decidamos a explorar la vía que finalmente nos conducirá hacia aquel modelo que saca partido de las oportunidades y las transforma en bienestar y en prosperidad integral para todos”.

Es lo que lo lleva a decir que “he sostenido que a Venezuela le espera un milagro, y esto no lo digo motivado por la fe, sino por la convicción que se desprende de la observación de nuestras condiciones objetivas para el desarrollo. Será un milagro que no tendrá por qué extrañarnos, porque ya lo experimentamos en el pasado reciente, cuando Venezuela atrajo las miradas del mundo y se convirtió en caso digno de admiración. A Venezuela Competitiva le tocará, en su oportunidad, documentar debidamente ese milagro. Y estoy convencido, luego de conocer ejercicios tan cuidadosos y exhaustivos como este libro, que lo hará de manera extraordinaria”.