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Maduro parece dispuesto llevar los bancos a un atolladero

martes 17 de diciembre de 2019, 22:00h
Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- Al acercarse el fin de 2019, es usual que tanto a nivel personal como en las empresas se revise lo ocurrido en estos 12 meses que están por concluir y se haga un intento por avizorar lo que 2020 puede traer. En las torres financieras a estas alturas ya se tiene una buena idea de cómo pueden cerrar los balances. Es tiempo entonces de apurar transacciones pendientes que pueden ayudar a dar lustre a las cifras. En otros casos, estos días son proclives a la creatividad contable para ocultar -a las autoridades, públicos o accionistas- las cosas malas.
El régimen de Maduro viene aplicando medidas draconianas y nefastas contra la banca / Foto: Presidencia Venezuela
El régimen de Maduro viene aplicando medidas draconianas y nefastas contra la banca / Foto: Presidencia Venezuela

En 2018 las preocupaciones quizás estaban más concentradas en cómo surfear la hiperinflación, recabando experiencias de países vecinos. Sin duda también estaba presente el espectáculo de una junta directiva enviada a prisión, sin mayor justificación jurídica, en una especie de reedición de las acciones de Cipriano Castro a inicios del siglo 20.

El frente político, un poco como hoy, lucía estancado. Había pocos indicios de la proclamación de un presidente paralelo a Maduro y las acciones subsecuentes, incluyendo el confuso movimiento militar del 30 de abril.

Las insólitas políticas monetaria y cambiaria en 2019

Más ausente aún en los radares corporativos estaba el giro de las políticas monetaria y cambiaria, en una extraña combinación de extrema rigidez en el manejo de la liquidez y el crédito bancario, acompañado de un relajamiento del control de cambios incluyendo inyecciones forzadas de euros en efectivo, pero manteniendo el financiamiento inorgánico del déficit fiscal y tasas de interés absurdamente bajas para los depósitos y una parte de los créditos.

El régimen de Nicolás Maduro no tiene otra opción sino tratar de sobrevivir en un entorno económico y político hostil. Al carecer de un plan estratégico, aventurar posibles cambios o virajes es altamente especulativo.

Las consecuencias de esa mezcla insólita de medidas draconianas y permisivas para la banca han sido claramente nefastas: persistentes deficiencias de encaje, con penalidades confiscatorias y el estrangulamiento de su principal función, la intermediación financiera.

Todo esto conduce a pensar que el gobierno estaría dispuesto a llevar a los bancos privados a un atolladero. Pero a la vez las autoridades no han mostrado mayor interés en precipitar ese desenlace, haciendo uso de las acciones previstas en la ley.

El caso más claro es el del BOD, institución financiera que debió haber sido intervenida. Y digo intervenida en el sentido que la ley prescribe, desplazando a los administradores actuales responsables de los severos problemas de insolvencia que presenta y pasando a castigar las pérdidas existentes contra el exiguo capital en manos de sus accionistas. Esto es lo que han hecho las autoridades en Curazao y Panamá con sus filiales.

Los enormes niveles de deficiencia de encaje que presentan varios bancos -ocultos para el público al no haber información detallada- y las abultadas penalidades que acarrea -expresadas en dólares, no en bolívares- ya deberían haber activado medidas preventivas por parte de la Superintendencia de Bancos. No se conoce que esto haya ocurrido.

Aparentemente, los que idearon la actual política monetaria aspiraban a que los dueños de los bancos trajeran recursos frescos en divisas para recapitalizarse. Esto, por supuesto, no ha ocurrido. Formalmente no hace falta pues la Superintendencia de Bancos les ha permitido crear capital de forma contable, gracias al diferencial cambiario que se crea con cada depreciación del tipo de cambio oficial. En este pulso entre accionistas y gobierno, la apuesta es quién aguanta más.

Para gestionarse en medio de la crisis Nicolás Maduro ha...

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El panorama para 2020

Así como las acciones del Banco Central y de la Superintendencia en 2019 eran difíciles de anticipar en diciembre de 2018, en estos momentos la mejor predicción que se puede hacer es que todo seguirá igual.

El régimen de Nicolás Maduro no tiene otra opción sino tratar de sobrevivir en un entorno económico y político hostil. Al carecer de un plan estratégico, aventurar posibles cambios o virajes es altamente especulativo.

Pero a la vez es difícil que todo siga como está hoy. Si bien la inflación ya no es ‘hiper’, los niveles son persistentemente elevados, a pesar de haber cercenado el crédito bancario. La mejora del abastecimiento, gracias a mayores importaciones privadas, se ha logrado por una dolarización generalizada de la economía que irá restando grados de libertad a la política económica del gobierno.

El escenario petrolero luce complejo para los exportadores en el corto plazo y los mercados de deuda seguirán cerrados para Venezuela, lo cual hace remoto que el Banco Central pueda dejar de financiar el desbordado gasto fiscal.

Sin duda alguna, un panorama desolador.