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Venezuela cierra 2019 con exquisiteces en los bodegones pero sin medicina en los hospitales ni gasolina para los carros

martes 31 de diciembre de 2019, 15:36h
Pedro Benítez (KonZ).- El socialismo bolivariano impuesto en nombre de la igualdad ha devenido en una sociedad de abismal desigualdad social. Algo que por lo visto no alarma, ni siquiera ha despertado curiosidad, en apóstoles globales del tema como Branko Milanović y Thomas Pikett. En Venezuela se exhiben costosos vehículos importados mientras que al mismo tiempo hay una grave crisis en el suministro de gasolina. Se reinaugura un hotel de lujo mientras persiste un agudo déficit de retrovirales y diversos insumos médicos en los hospitales públicos.
Maduro metido a ilusionista del consumo porque no resuelve la crisis / Foto: Presidencia
Maduro metido a ilusionista del consumo porque no resuelve la crisis / Foto: Presidencia

La desigualdad global, la acumulación de riquezas “en manos de unos pocos” y “las monstruosas” diferencias de clases es el tema de nuestro tiempo. Por no decir de moda. De Chile a Europa Occidental, la desigualdad parece ser la explicación necesaria y suficiente para revelar las causas de toda convulsión política. Ríos de tinta y miles de caracteres corren todos los días considerando el problema. Branko Milanović y Thomas Pikett son leídos y citados por los medios de comunicación globales como autoridades reconocidas sobre la materia.

La desigualdad social es una angustiante preocupación en los países de la región y el mundo, aunque dos excepciones: Cuba y Venezuela.

De modo que mientras intentaban implantar el socialismo (o eso decían) expropiando empresas privadas, imponiendo controles y persiguiendo a comerciantes y productores no afectos al régimen, por el otro no dejaron un minuto de hacer “negocios” a costa del Estado apropiándose por distintos mecanismos de centenas de miles de millones de dólares que transfirieron a sus cuentas privadas en el exterior, con la asesoría de expertos financieros amigos. Socialismo para el pueblo (y para los adversarios) y capitalismo para la elite.

Sólo a los adversarios ideológicos del régimen cubano les parece digno de denunciar el ostentoso (y muy burgués) estilo de vida de los hijos de la clase dirigente de ese país. Cada cierto tiempo salen a la luz imágenes en las redes sociales que difunden los costosos gustos por la ropa, la comida y los viajes de los hijos y nietos de los hermanos Castro, y de otros altos cargos del Partido Comunista. En ocasiones se llega a saber por esas vías que sus privilegios los gozan además en España e incluso en los Estados Unidos.

Esto es un chocante contraste con las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población de Cuba, que no tiene acceso a esos viajes, a esa ropa y a esos alimentos, aunque esto último es lo menos importante si se toma en cuenta las dificultades que padecen en lo cotidiano, siempre atribuidas al “criminal bloqueo” impuesto por EEUU. Bloqueo que como vemos no afecta a la minoría privilegiada. De modo que Cuba es (y lo ha sido desde hace décadas) un ejemplo perfecto de desigualdad social.

Sus aventajados alumnos en Venezuela (los dirigentes chavistas) hace años tomaron nota de lo anterior. Se percataron que no había contradicción alguna entre predicar el socialismo y la igualdad social, y disfrutar las mieles del capitalismo con su desigualdad incluida.

De modo que mientras intentaban implantar el socialismo (o eso decían) expropiando empresas privadas, imponiendo controles y persiguiendo a comerciantes y productores no afectos al régimen, por el otro no dejaron un minuto de hacer “negocios” a costa del Estado apropiándose por distintos mecanismos de centenas de miles de millones de dólares que transfirieron a sus cuentas privadas en el exterior, con la asesoría de expertos financieros amigos. Socialismo para el pueblo (y para los adversarios) y capitalismo para la elite.

En 2019 esa contradicción parece haber llegado a su cumbre. Se suponía que este sería el año en el que las sanciones económicas pondrían a la economía venezolana de rodillas, y con ella a Nicolás Maduro y su régimen. Fuera de Venezuela algunas voces (como la expresidenta Michel Bachelet y hoy alta representante para los Derechos Humanos de la ONU) se opusieron a la aplicación de esas medidas de presión porque “aumentarían el sufrimiento de la población”.

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Pero paradójicamente ha ocurrido algo sorprendente. Pese a las sanciones, y tal vez gracias a ellas, en 2019 los anaqueles se volvieron a llenar de todo tipo de productos. Por supuesto, la inmensa mayoría no puede adquirir esos productos. Sólo los que tienen algún tipo de acceso a dólares lo pueden hacer. Y este otro hecho paradójico ocurrido en Venezuela en 2019: la economía se ha parcialmente dolarizado de facto bajo el visto bueno del régimen y con la ayuda de sus hermanos rusos y turcos, cuya colaboración ha sido inestimable para evadir las sanciones norteamericanas.

Para facilitar el proceso, los funcionarios de Nicolás Maduro han liberado las importaciones y dejado de aplicar los controles de precios. En ese contexto han surgido bodegones en Caracas que importan todo tipo de exquisiteces que solo puede adquirir una minoría privilegiada.

Por supuesto, esto no quiere decir que todo el que en Venezuela tenga acceso a dólares sea gracias a sus conexiones con los negocios del régimen. No es ni siquiera el caso de mayoría de los que usan dólares cotidianamente, pero es muy difícil pensar distinto de los propietarios de vehículos importados de alta cilindrada que se exhiben por estos días en el capital o de los organizadores de la costosísima fiesta efectuada recientemente en el hotel Humboldt de Caracas.

Esto ocurre en el mismo país de la Crisis Humanitaria Compleja. Mientras circulan vehículos importados, hay una nueva crisis de suministro de gasolina en casi todo el territorio nacional, desde Maracaibo, en el Occidente, hasta Tejerías y Los Teques, en el centro, pasando por Guarenas y Puerto La Cruz, en el Oriente, hasta llegar a San Fernando de Apure, en los llanos, en el Sur.

Si se tienen suficientes dólares en algunos lugares exclusivos se pueden adquirir los mejores dulces de la repostería europea, mientras que al mismo tiempo el 60% de la población desfallece por desnutrición y por esa misma razón otro porcentaje huye del país.

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Maduro ordenó hace meses rehabilitar el hotel Humboldt para hacerlo un sitio de lujo y exclusivo, lo que en su momento anunció con mucho orgullo; sin embargo, el presidente de la Federación de Pediatría de Venezuela, aseguró que hay un déficit de 80% en los medicamentos a nivel hospitalario así como un déficit del 75% en oncología. Con lo que ratifica lo que había denunciado el informe Bachelet.

Lo mismo puede decirse con el déficit de retrovirales y diversos insumos médicos. De modo que el socialismo bolivariano, ese mismo que prometió combatir la desigualdad social, hoy libera las importaciones de todos de tipo de productos, pero bloquea el ingreso de la ayuda humanitaria de Naciones Unidas.

Pero a Maduro lo único que le interesa es la percepción. Alimentar la sensación de que algún tipo de estabilidad y cierto bienestar regresan a Venezuela. ¿Qué esto es una demostración de la inutilidad de las sanciones? Ya verá que excusa inventa.

Por ahora, libera las importaciones por otros seis meses, porque le interesa más la percepción que la realidad. Esa ha sido desde siempre la lógica del chavismo. Cuenta con la inestimable ventaja que le otorga el absoluto desinterés que por el caso Venezuela hay entre los críticos de la desigualdad social global.

Pedro Benítez