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Putin se quita la careta y juega a fondo en el golpe de Estado contra Guaidó y la Asamblea Nacional

jueves 09 de enero de 2020, 21:00h
Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- Rusia juega más a fondo en la crisis de Venezuela. Ahora juega de manera abierta contra la institucionalidad. En 2019 criticaba a Estados Unidos por imponerle un presidente, Juan Guaidó, a los venezolanos. Resulta que ahora lo está haciendo Moscú al reconocer y respaldar la ilegal junta directiva de la Asamblea Nacional que preside el diputado Luis Parra. Putin criticaba el juego de Trump porque iba en contra de la Constitución. Y es justo el plan que sigue Moscú en 2020.
Está claro que el juego de Putin en Venezuela es político y es económico / Foto: Kremlin
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Está claro que el juego de Putin en Venezuela es político y es económico / Foto: Kremlin

Washington ha reconocido que subestimaron a Nicolás Maduro. Subestimaron a Rusia. Y subestimaron a Cuba. Ante esta realidad, Moscú ha optado por jugar más a fondo en la crisis de Venezuela. Como lo hace en el Medio Oriente, donde Moscú y Vladímir Putin son árbitros clave. En Siria y en Libia. Y con clara influencia en Irán y con inmejorables relaciones con Israel. En Venezuela, Rusia se ha decidido por introducirse también en los vericuetos institucionales, a costa de cargarse la Constitución.

Putin quiere entrar más de lleno en el terreno de la disputa. Se siente ganador en el Medio Oriente. Se siente árbitro clave y fundamental en el Medio Oriente. Putin entiende, por otro lado, que Venezuela es el factor de una crisis que impacta en toda la región latinoamericana. De modo que mientras mejor se posicione en Caracas, tendrá mejores cartas para involucrarse y negociar en la solución de una crisis que al prolongarse se hará cada vez más regional.

El diario ALnavío dio la exclusiva de cómo Putin le solicitó a Nicolás Maduro que volviera a la Asamblea Nacional, y la bancada del PSUV volvió. Sin embargo, los chavistas se percataron de que ser minoría en el Parlamento representaba un serio problema para imponer materias urgentes y darle a las mismas carácter de legalidad. Por ejemplo, el tema petrolero. Los contratos petroleros. En KonZapata y en el diario ALnavío también se ha hecho seguimiento a cómo el régimen de Maduro ha entregado las operaciones petroleras, desde la producción hasta la venta y facturación, a las multinacionales, lo que se ha dado en llamar la privatización silenciosa. Pero ese modelo requiere de cambios legales y constitucionales que sólo puede ejecutar la Asamblea Nacional, lo que en minoría, el chavismo no podía aprobar o imponer, sin antes negociar con la bancada de Juan Guaidó.

Aquí es donde Rusia entra. Aquí es donde Putin se la juega. Ahora parece estar dispuesto a todo. Inclusive a romper los canales institucionales y constitucionales. Putin era de los que criticaba a Estados Unidos por la política de querer imponerle un presidente a los venezolanos, Juan Guaidó. Ahora el plan de Putin consiste en sumarse a la imposición de una directiva y a su vez una Asamblea Nacional que responda a los intereses del régimen de Maduro y Diosdado Cabello.

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Está claro que el juego de Putin es político y es económico. Moscú sabe del desastre en materia petrolera y del desastre en materia económica de Maduro. Pero poco podía adelantar si la Asamblea Nacional no es controlada por las fuerzas de Maduro. Moscú había previsto que la situación podía cambiar en Venezuela si Juan Guaidó salía de la presidencia de la Asamblea Nacional. Maduro y Cabello diseñaron el plan y lo ejecutaron. Ahora tienen una Asamblea Nacional a la medida, sin mayoría pero la tienen, y esa Asamblea Nacional cuenta con una directiva a la carta de Maduro, y a la carta de Cabello y de Moscú. En el gobierno de Putin han condicionado la ayuda a Maduro al cambio en la Asamblea Nacional. Moscú se ha comprometido con el envío de asesores económicos. Y seguramente Rosneft y Gazprom se comprometerán a hacer más en petróleo y gas.

Cabe decir que por más que el bloque de Guaidó haga demostraciones de coraje como haber roto este martes el cerco policial y militar para celebrar sesión en la sede del Parlamento, lo cierto es que perder el Palacio Legislativo como centro del poder, lo debilita. Lo deja en desventaja. A pesar de que también digan los voceros de Guaidó que el Parlamento puede sesionar en cualquier sitio. No es lo mismo en el plano político e institucional.

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El caso está en si esa Asamblea Nacional con una junta directiva que surge de una maniobra opaca, corrupta e inconstitucional, será reconocida por la comunidad internacional. A ese Parlamento le puede ocurrir lo que a la Asamblea Nacional Constituyente que preside Cabello: que todo acto emanado de ella sea desconocido por los actores internacionales. Por lo pronto, Luis Parra, y los otros diputados que integran la junta o que votaron a favor de la Asamblea Nacional afín al régimen, y que antes apoyaban a Guaidó, se arriesgan a ser sancionados por Estados Unidos y Europa al haberse prestado para la ejecución de lo que se ha denominado un golpe de Estado contra el Parlamento legítimo.

Putin quiere entrar más de lleno en el terreno de la disputa. Se siente ganador en el Medio Oriente. Se siente árbitro clave y fundamental en el Medio Oriente. Putin entiende, por otro lado, que Venezuela es el factor de una crisis que impacta en toda la región latinoamericana. De modo que mientras mejor se posicione en Caracas, tendrá mejores cartas para involucrarse y negociar en la solución de una crisis que al prolongarse se hará cada vez más regional.

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