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Estos son los problemas que sufren los bancos con la dolarización de facto en Venezuela

lunes 13 de enero de 2020, 21:00h
Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- Un reciente reportaje de Bloomberg exponía uno de los nuevos retos que enfrenta un número importante de residentes en Venezuela, en especial los comerciantes. Se refiere a cómo manejar con seguridad el creciente volumen de efectivo en divisas, sobre todo dólares. Si bien el título del reportaje es engañoso (El último problema de Venezuela es que hay demasiados dólares) y contiene varios errores, las anécdotas que recoge reflejan con claridad cómo hay un divorcio entre las necesidades de servicios financieros de la sociedad y lo que ofrece hoy en día la banca venezolana.
Los comerciantes tienen problemas para manejar con seguridad el efectivo en dólares / Foto: Pexels
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Los comerciantes tienen problemas para manejar con seguridad el efectivo en dólares / Foto: Pexels

Este divorcio no es algo nuevo y ha venido ocurriendo gradualmente. Desde hace varias décadas la banca en Venezuela no ha estado en capacidad de ofrecer a sus clientes genuinos productos financieros de protección patrimonial.

Con tasas de interés muy por debajo de la inflación, los depósitos remunerados sólo sirven para perder capacidad de compra. Tampoco ha podido la banca ofrecer instrumentos basados en el mercado de capitales, toda vez que la raquítica Bolsa de Valores de Caracas carece de la profundidad y diversidad de activos requeridos.

Pero con un BCV sancionado por las autoridades de los Estados Unidos esto no será posible. Sus intentos de incentivar el uso del euro en lugar del dólar lucen lógicos desde este punto de vista, pero a la postre es la población la que decide. Al igual que con el bolívar, el BCV perderá esa batalla.

El otro servicio que la sociedad espera de la banca, la intermediación entre quienes tienen excedentes de fondos y quienes requieren financiamiento para invertir productivamente, ha venido mermando, primero por la desaparición de oportunidades para iniciativas empresariales genuinamente productivas. Esto redujo el crédito bancario a financiar importaciones, el consumo y, hay que admitirlo, la especulación cambiaria. Pero incluso esos usos para el crédito bancario están ahora obstaculizados por la política desarrollada desde hace un año por el Banco Central de Venezuela, BCV.

Quedaron así los bancos reducidos fundamentalmente a ofrecer servicios de pago. Pero aquí también hay un deterioro notable, en gran medida ocasionado por causas externas. Ya han transcurrido más de tres años sin que la banca pueda atender adecuadamente las necesidades de billetes y monedas que requieren sus clientes.

La escasez de efectivo, aun cuando ha empeorado, ya no presenta los rasgos dramáticos de 2017, sobre todo porque los billetes en bolívares han sido reemplazados por otros medios de pago.

También ha ocurrido un rezago tecnológico, en relación con otros países de la región, y un deterioro en la calidad de los servicios de pago electrónicos. La banca venezolana es quizás la única que no tiene que enfrentar nuevos competidores en este campo, las denominadas empresas Fintech, como ocurre en el resto del planeta.

La dolarización sobrevenida

Como ocurre generalmente, la adopción del dólar (o cualquier otra divisa) por la población de un país en reemplazo de su propia moneda es un fenómeno espontáneo, carente de todo plan o estrategia. El hecho que no haya sido ninguna sorpresa no se tradujo en una preparación ni por parte de los usuarios ni tampoco del sistema financiero. Tampoco ha sido un proceso homogéneo ni dominante.

Por la propia naturaleza del fenómeno, no existen estadísticas definitivas. La mejor estimación del uso del dólar como medio de pago a mi juicio es la provista por encuestas de opinión. Una reciente de Datincorp reflejó que el 23% de los encuestados utilizaba el dólar con mayor frecuencia en sus compras. Esta es una proporción significativa, superior a lo observado en países con circulación dual como Bolivia y Perú.

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Una dolarización peculiar

Venezuela es el primer caso de dolarización que aprovecha tanto las oportunidades que brindan las innovaciones tecnológicas en finanzas, como la larga historia de relaciones financieras de ciertos segmentos de la población con la banca de Estados Unidos. De allí que no debe sorprender que haya sido el uso en transacciones comerciales al detal de la aplicación en celulares Zelle -la cual permite transferencias interbancarias en ese país- como medio de pago la primera señal de la dolarización en curso.

Esto le da un carácter diferente a la dolarización en Venezuela pues trasplanta la fase de pago de transacciones comerciales locales al sistema financiero de otro país, dejando a la banca local botada a un costado del camino.

Otra peculiaridad ha sido el extraño papel que está jugando el Banco Central de Venezuela. Habiendo abandonado cualquier intento de proveer al mercado con sus propios billetes, desde hace meses abona el abandono del bolívar como moneda de uso cotidiano al obligar a la banca a comprarle euros en billetes, en una especie de intento de incentivar el uso de la moneda europea en lugar del billete ‘del imperio’.

¿Por qué la banca no ofrece cuentas en dólares?

Como describe la nota de Bloomberg, hoy por hoy comerciantes y personas por igual tienen el problema de qué hacer con los dólares en billetes que están obligados a almacenar. Erróneamente los reporteros afirman que “los bancos en Venezuela ni pueden ofrecer cuentas corrientes o de ahorros en dólares”. Este es un error común. En realidad nunca ha estado prohibido que existan cuentas en otras monedas. De hecho, un buen número de clientes de la banca tienen cuentas en dólares, abiertas siguiendo instrucciones del Ministerio de Finanzas y del BCV para recibir los intereses y el capital de bonos soberanos en dólares emitidos en el país.

Lo que la ley siempre ha establecido es que los bancos que ofrecen cuentas en divisas no están obligados a devolver los fondos en esas monedas, y pueden cumplir con su obligación entregando bolívares al tipo de cambio vigente. Voluntariamente, si el régimen cambiario lo permite, los bancos pudieran entregar divisas o transferir los fondos al exterior.

Pero, con la divergencia entre el tipo de cambio oficial y el prevalente en el mercado paralelo que existió entre 2003 y 2019, no tenía ningún sentido depositar dólares en una cuenta en Venezuela.

Sin embargo, ha sido la propia banca la más renuente a ofrecer masivamente cuentas en dólares, con depósitos y retiros en efectivo en esa moneda. Con la excepción del desaparecido Amro Bank y Banesco en los años 90, la banca sólo ha abierto cuentas en divisas a embajadas y organismos internacionales con oficinas en el país.

Son varias las razones para esta reticencia, independientemente del régimen cambiario. En primer lugar, no han deseado asumir el riesgo cambiario de tener pasivos en divisas. En segundo lugar, están las consideraciones de tipo operativo. Por una parte, esto los obligaría a mantener saldos en efectivo en divisas por encima de lo deseado, lo cual conlleva costos asociados por su custodia, costo financiero y seguros. Por la otra, los obligaría a entrenar a un número importante de cajeros en el manejo seguro de los billetes más ampliamente falsificados del mundo.

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Los problemas logísticos de la dolarización

Otro aspecto que omite la nota de Bloomberg, es que la banca por sí sola no puede afrontar el reto logístico de operar con cuentas de depósitos en dólares en forma amplia. Un eslabón clave en el manejo de efectivo son las empresas de seguridad que transportan y custodian la mayor parte de los billetes y monedas que usa la banca. Estas empresas han estado afectadas por muchos de los males que padecen otras firmas: elevados costos por el mantenimiento y reposición de equipos que no son compensados por los ingresos en bolívares, fuga del talento humano a nivel gerencial a la vez que el personal operativo gana salarios que alimentan tentaciones peligrosas, y la inseguridad. Colocar a sus trabajadores que exponen sus vidas día a día, a transportar billetes con un valor sustancialmente superior al que representan los bolívares, es un riesgo que pocas de estas empresas quieren asumir.

Finalmente está el BCV. En los países donde la dolarización alcanzó proporciones similares a la que pareciera existir en Venezuela, los bancos centrales a regañadientes aceptaron que debían ofrecer a sus instituciones financieras los servicios usuales a los billetes foráneos. Para reducir el riesgo de uso de billetes falsificados, los bancos centrales deben recopilar de la banca (y los transportistas) los billetes deteriorados, así como las falsificaciones detectadas. Luego, aprovechando las facilidades operativas entre bancos centrales, asumir la importación de billetes nuevos para asegurar que la población use billetes de buena calidad.

Pero con un BCV sancionado por las autoridades de los Estados Unidos esto no será posible. Sus intentos de incentivar el uso del euro en lugar del dólar lucen lógicos desde este punto de vista, pero a la postre es la población la que decide. Al igual que con el bolívar, el BCV perderá esa batalla.

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