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El petroaguinaldo de Maduro fue el culpable de la subida del dólar y de más dinero inorgánico

viernes 17 de enero de 2020, 21:01h
Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- Ya es habitual que la ejecución de las medidas económicas del gobierno resulte en un fiasco. Durante los últimos veintitantos años ha privado el apuro al momento de adoptar decisiones, privilegiando el anuncio sobre el detalle operativo. El más reciente ejemplo, pero seguramente no el último, ha sido el fiasco con el llamado ‘petroaguinaldo’, el bono especial otorgado por el Ejecutivo a un significativo número de personas.
El último fiasco de Maduro ha sido el llamado ‘petroaguinaldo’ / Foto: @NicolasMaduro
El último fiasco de Maduro ha sido el llamado ‘petroaguinaldo’ / Foto: @NicolasMaduro

Más de un mes transcurrió desde el primer anuncio por parte de Maduro hasta que los primeros beneficiarios pudieron hacer un uso efectivo de ese ‘regalo’ gubernamental. Pero la alegría duró apenas dos semanas. Al tradicional bajón anímico que nos afecta a todos luego de la temporada navideña, se agregó la suspensión en la posibilidad de convertir el etéreo ‘petro’ en dinero que permita comprar los bienes que tanto necesitan los que carecen de ingresos que se ajusten al ritmo de la inflación.

¿Por qué la suspensión del mecanismo de conversión?

Aun cuando el Banco de Venezuela ha justificado por problemas técnicos la decisión de suspender el uso de su sistema Biopago para canalizar las transacciones comerciales utilizando el petroaguinaldo, no puede descartarse que también haya influido el impacto fiscal y monetario de la medida.

Al momento de hacer el anuncio, asumiendo un total de siete millones y medio de beneficiarios entre jubilados y empleados públicos, el monto en bolívares era de 6,6 billones, equivalentes a algo más de 200 millones de dólares. Para el momento en el que los beneficiarios pudieron comenzar a realizar compras a mediados de diciembre, el monto en bolívares anterior había escalado en un 63%. Para un régimen que ha tratado de contrarrestar la persistente depreciación de la moneda, símbolo principal de que está perdiendo su peculiar ‘guerra económica’, el riesgo de un regreso a los niveles de depreciación e inflación de fines de 2018 es inaceptable. De allí que tenía que restringir o moderar el impacto monetario del petroaguinaldo.

Respecto a los problemas técnicos aducidos, si bien refleja el nivel de improvisación con el que se tomó la medida, también está vinculado en un error de cálculo por parte del régimen de Nicolás Maduro sobre el uso que le darían los beneficiarios al bono. Luego del anuncio inicial el 17 de noviembre, el mensaje clave que transmitieron tanto las autoridades como comentaristas vinculados fue que lo recomendable era mantener el bono como una forma de ahorro.

Sin embargo, los receptores pidieron desde un inicio que se permitiese el uso del bono para comprar alimentos y medicinas. ¿Quién puede ahorrar cuándo los ingresos no alcanzan para satisfacer las necesidades básicas? De allí las carreras para implementar una interfaz con la plataforma de puntos de venta del Banco de Venezuela.

Pero otra poderosa razón para paralizar indefinidamente el uso del petrobono en compras fue el impacto que tuvo desde un inicio en la creación de dinero inorgánico por parte del Banco Central de Venezuela y, consecuentemente, en el precio del dólar.

Se creó así un círculo vicioso: en la medida que los beneficiarios convertían sus bonos en bolívares para comprar bienes, y los comerciantes se volteaban para comprar dólares para reponer inventarios, el incremento del dólar se reflejó en un mayor precio del petro, y por ende de los saldos no desembolsados del bono, obligando a mayores préstamos del BCV al gobierno.

Al momento de hacer el anuncio, asumiendo un total de siete millones y medio de beneficiarios entre jubilados y empleados públicos, el monto en bolívares era de 6,6 billones, equivalentes a algo más de 200 millones de dólares. Para el momento en el que los beneficiarios pudieron comenzar a realizar compras a mediados de diciembre, el monto en bolívares anterior había escalado en un 63%.

Para un régimen que ha tratado de contrarrestar la persistente depreciación de la moneda, símbolo principal de que está perdiendo su peculiar ‘guerra económica’, el riesgo de un regreso a los niveles de depreciación e inflación de fines de 2018 es inaceptable. De allí que tenía que restringir o moderar el impacto monetario del petroaguinaldo.

El cuello de botella que impuso el gobierno

Maduro aplicó una estrategia de moderar el impacto monetario del petrobono estableciendo un acceso gradual al bono, iniciando primero con las personas de mayor edad. Adicionalmente hubo otras fricciones vinculadas al carácter voluntario que tuvo para los comercios operar con el sistema Biopago, lo cual además excluyó a aquellos establecimientos que no operan con el Banco de Venezuela.

También al iniciar con las personas de mayor edad, con un esquema engorroso y que demanda destrezas en manejo de operaciones financieras por canales digitales, limitó el uso del bono.

El resultado lo dejó claro el Banco de Venezuela en un comunicado a inicios de este año, cuando al anunciar la suspensión - inicialmente temporal y ahora indefinida- indicó que habían hecho uso del sistema 1,2 millones de personas, es decir algo más del 16% del total de beneficiarios.

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¿Qué pasará ahora con el petroaguinaldo?

Tomando en cuenta que esa baja proporción en la conversión del petrobono a bolívares causó una marcada aceleración de la depreciación del bolívar, no extraña que ahora el régimen busque congelar el petrobono en las cuentas denominadas en petros.

De hecho, asumiendo que esos 1,2 millones de personas canjearon todos sus petros a bolívares, el monto remanente en bolívares (13,4 billones) es mayor al monto inicial que deben haber contemplado las autoridades.

Por ello la suspensión temporal se ha convertido en indefinida. Muy probablemente, no habrá una repetición del esquema mediante el cual el canje de petros a bolívares era financiado por el BCV. En su lugar es posible que el gobierno esté estudiando que los tenedores de petros deban acudir a una plataforma de intercambio para vender ese activo a cambio de bolívares. Eso necesariamente se traducirá en un precio por debajo del que oficialmente establece el BCV.

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Se repetirá la historia de los bonos de exportación

En repetidas oportunidades el gobierno ha indicado su intención de que el petro pueda o deba ser usado para cancelar impuestos y tarifas por servicios públicos. En este sentido ya lo que queda del sistema financiero cuenta con un antecedente similar: los bonos de exportación. Esos bonos los recibían exportadores como incentivo para sus ventas al exterior y eran aceptados por el gobierno para el pago de impuestos a su valor facial.

Esto generó un activo mercado en el cual los exportadores vendían sus bonos con importantes descuentos sobre su valor facial pues, al igual que el petroaguinaldo, eran un regalo del gobierno. Los compradores eran empresas con pagos importantes de impuestos que aprovechaban esos descuentos para reducir la factura fiscal.

Seguro habrá más de uno de los viejos operadores a la espera de cobrar su aguinaldo en febrero o marzo.

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