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Qué problemas hay detrás de las estadísticas del BCV sobre la inflación

lunes 10 de febrero de 2020, 20:00h
Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- Manteniendo su estilo espasmódico, el Banco Central de Venezuela publicó las cifras de los índices de precios al consumidor nacional y de Caracas, actualizando la serie hasta el cierre de 2019. Las cifras en sí no revelan nada novedoso. Pero hay tres cosas que conviene resaltar.
El BCV publicó las cifras de los índices de precios al consumidor nacional / Foto: Gobierno de Venezuela
El BCV publicó las cifras de los índices de precios al consumidor nacional / Foto: Gobierno de Venezuela

Convergencia con las mediciones alternativas

Lo más resaltante quizás sea que, a diferencia de los tres años previos, los valores oficiales de inflación coinciden en gran medida con los que han venido reportando las organizaciones que desde 2016 se han dado a la tarea de realizar el trabajo de recopilar precios dada la mora informativa del BCV.

La inflación anual para 2019 del BCV resultó muy similar a la calculada e informada semanas atrás por la Asamblea Nacional y el Cenda. También coincide con los cálculos de empresas de análisis económico, como Síntesis Financiera.

Esto resulta importante pues da validez a esas mediciones alternativas, todas las cuales han tratado de replicar la metodología tradicional del BCV pero con muchos menos recursos. Esto significa que le será muy difícil al BCV en el futuro inmediato tratar de manipular las cifras que publique, tal como hizo el gobierno de Cristina Fernández en Argentina.

La manera de publicar las estadísticas

La publicación del Indice de Precios al Consumidor es el resultado de un proceso que el BCV tenía bien aceitado. El cronograma mensual de actividades le permitía tener las cifras definitivas y validadas para el primer día hábil de cada mes.

La explicación para la mora informativa entre 2016 y 2019 no es consistente con la ocurrida desde mayo. Incluso, el gobierno y el BCV tenían incentivos para publicar regularmente el índice de precios toda vez que a lo largo de 2019 la inflación fue descendiendo gradualmente.

El rezago en la publicación de esta y otras estadísticas económicas desde 2016 hasta inicios del año pasado claramente estuvo motivado por razones políticas. El gobierno temía que revelar la gravedad del fenómeno inflacionario contribuyese al deterioro de la percepción que el público tendría del gobierno. Esta estrategia de ‘esconder el sofá’ probó ser inútil. Además generó dificultades en otras esferas de la gestión oficial y se hizo insostenible en la medida que la hiperinflación no podía ser ocultada.

La eventual publicación de las estadísticas en mayo de 2019 se interpretó en el contexto de una peculiar ‘liberalización’ económica que incluyó la sinceración del tipo de cambio oficial, entre otras medidas. Pero en lugar de señalar un retorno a la publicación periódica de la cifra de inflación, transcurrieron nueve meses para que el BCV volviese a revelar ese dato.

La explicación para la mora informativa entre 2016 y 2019 no es consistente con la ocurrida desde mayo. Incluso, el gobierno y el BCV tenían incentivos para publicar regularmente el índice de precios toda vez que a lo largo de 2019 la inflación fue descendiendo gradualmente.

¿Por qué entonces no continuó publicando la data mensualmente? Una posible explicación apunta a problemas en el proceso de recolección, procesamiento y control de los datos requeridos.

Índice Nacional de Precios Vs. Índice del Área Metropolitana de Caracas

Desde 2008 la medida oficial de inflación es la que refleja la variación en el Índice Nacional de Precios al Consumidor. Este indicador comenzó a ser publicado en 2008, extendiendo la cobertura geográfica tradicional -el Área Metropolitana de Caracas- a otras nueve ciudades y otras 72 localidades.

Previamente el BCV había comenzado a calcular y publicar un índice de precios para la ciudad de Maracaibo. La extensión geográfica de una actividad que demanda un significativo trabajo de campo, sólo fue posible mediante una esfuerzo conjunto del BCV con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Cuando fue anunciado el índice nacional, el BCV y el INE informaron que en su recolección y procesamiento trabajarían 283 personas. También afirmaron que la información sería publicada dentro de las primeras dos semanas de cada mes.

Pero para muchos observadores externos, la participación del INE causó preocupación. Esa institución ha estado sometida desde su creación a restricciones presupuestarias y el chavismo desde un inicio le dio un sesgo político a sus actividades, mucho antes que eso ocurriese con el BCV. Ambos factores, temíamos, afectarían la calidad de las estadísticas de precios.

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Estos temores estarían refrendados por las divergencias que los dos índices, el nacional y el de Caracas, reflejan. Si bien ambas series tienen una alta correlación, las tasas de inflación mensuales tienen variaciones de hasta 30% en uno y otro sentido. Tales diferencias son difíciles de explicar como resultado de situaciones específicas de Caracas o de las ciudades del interior.

Lamentablemente, pese a que fue anunciado en 2008 como uno de los beneficios del índice nacional, no han publicado los índices de las otras nueve ciudades, lo cual hace más complicado explicar esa divergencia.

Pero el retraso en publicar esta información puede estar siendo ocasionado por problemas de calidad en la recopilación de precios y su procesamiento por el INE. Los encuestadores identifican los precios de dos maneras:

La principal es ir a los establecimientos -22.000 en 2008- y observar los precios de los productos a la venta.

La segunda, realizada por un equipo diferente, es adquirir una cesta de productos y comparar los resultados con los obtenidos con la mera observación. Así se puede medir la calidad de los resultados obtenidos por el primer grupo de encuestadores.

¿Qué ocurre cuando no hay un tipo de producto? El encuestador debe reflejar la ausencia del producto a la venta e identificar posibles sustitutos. Esto le permite al BCV obtener un ‘índice de escasez’ que rara vez publica, pero la metodología publicada no indica cómo se refleja esa escasez en el índice de precios. Tampoco está claro cómo refleja el encuestador si el precio de un producto está en una moneda diferente al bolívar.

Considerando todos estos elementos, no puede descartarse que el BCV esté confrontando problemas con la calidad y consistencia de la data primaria para calcular los índices de precios, especialmente los del interior del país, donde la evidencia anecdótica revela una mayor escasez de bienes en los comercios formales y un mayor uso de divisas para fijar sus precios.

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