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Guía y análisis para entender la cuenta en dólares del Banco del Caribe

martes 18 de febrero de 2020, 15:07h
Por José Manuel Rotondaro (KonZ).- Lo lógico sería que el banco ofrezca créditos en divisas a clientes comerciales, pues este tipo de créditos ya está indexado al dólar por decisión del BCV. En esta economía de importaciones que han acentuado las políticas económicas del gobierno, los comercios necesitan créditos en divisas para traer los bienes que requieren y, crucialmente, están vendiendo esos productos en divisas igualmente. A primera vista luce todo bien, pero ¿es prudente prestar en divisas a clientes que operan en una economía dolarizada en forma imperfecta y asimétrica?
El banco ha establecido restricciones al manejo de la cuenta en dólares / Foto: @Bancaribe
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El banco ha establecido restricciones al manejo de la cuenta en dólares / Foto: @Bancaribe

Hace unas semanas desmentía el error de los reporteros de Bloomberg al afirmar que los bancos en Venezuela no podían ofrecer cuentas en dólares. Y este 13 de febrero el Banco del Caribe confirmó lo que señalaba en ese artículo: no hay restricción legal para que la banca local ofrezca cuentas en divisas. La relativa ausencia de éstas obedece a decisiones de las propias instituciones financieras, relacionadas con dificultades operativas y riesgos asociados.

Conociendo la tradicional prudencia con la que se ha manejado el Banco del Caribe, aunado a la presencia como accionista clave del Scotiabank de Canadá, resulta interesante analizar cómo está buscando mitigar los riesgos que conlleva esta decisión. En este sentido, el banco ha establecido restricciones al manejo de la cuenta, principalmente que sólo puede ser movilizada en taquillas -en efectivo- y mediante transferencias a otras cuentas dentro del mismo banco.

En parte esto refleja el hecho de que el Banco del Caribe está lanzando estas cuentas en divisas en forma separada del resto de sus competidores. Incluso, las restricciones operativas son mayores a las cuentas en divisas que abrió la banca desde 2005 para recibir los intereses de bonos soberanos denominados en divisas colocados en el país.

Evitando la ira del Tío Sam

Uno de los mayores riesgos que enfrenta un banco en Venezuela hoy en día, sobre todo una institución financiera internacional, es canalizar una transacción que pueda ser considerada por el gobierno de los Estados Unidos como una violación de las sanciones que ha impuesto contra instituciones y personas vinculadas al gobierno de Maduro.

Para entender el dilema que enfrentan los bancos que operan localmente, imaginemos un caso hipotético. Mañana, Delcy Rodríguez, Vicepresidenta Ejecutiva de Nicolás Maduro, decide abrir una cuenta en divisas en este banco. Cualquier transferencia en dólares que ella ordene, necesariamente hará uso del sistema financiero de ese país. Esto significaría una violación a las sanciones que le ha impuesto el Departamento del Tesoro de los EEUU y el banco sería cómplice en esa violación. Esto no sólo pudiera acarrear acciones contra el Banco del Caribe sino incluso contra Scotiabank, toda vez que el 27% de las acciones que posee y los dos directores que tiene en la junta directiva, lo califican como factor de control.

Al restringir la movilización de esas cuentas al interior del banco local, se mitiga notablemente ese riesgo, aunque no desaparece.

La motivación comercial

Algo más difícil de entender es la lógica detrás de la iniciativa pues no está muy claro si la operación de estas cuentas será rentable para el banco. Hay que destacar que este inventario de billetes tiene un costo administrativo que puede ser importante, entre ellos los seguros contra riesgos específicos: robo, daño por fuego o inundación, fraude, falsificaciones. A esto hay que agregarle el entrenamiento a los cajeros para poder reconocer las falsificaciones en billetes en dos divisas diferentes.

Para los clientes del Banco del Caribe mantener sus divisas en una cuenta en lugar de efectivo, pese a su costo y restricciones operativas, es una propuesta atractiva. Pero no está exenta de riesgos para ellos y para el banco.

A favor del banco estará la ausencia del costo operativo asociado a la emisión de tarjetas de débito para estas cuentas y que no pagará intereses. Ahora, ¿cómo puede compensar el banco los costos antes descritos?

La forma como está diseñada la cuenta apunta a dos fuentes de ingresos operativos que deben compensar esos costos e incluso arrojar beneficios:

Primero, podrá percibir comisiones por las transferencias que hagan sus clientes. El BCV permite al banco cobrar hasta cinco euros a los clientes, pero el Banco del Caribe anunció que cobrará una comisión ‘promocional’ de un euro.

Segundo, puede provenir de comisiones que cobre el banco a los comercios que acepten pagos mediante la aplicación para celulares. Estas comisiones aplican cuando los comercios aceptan pagos con tarjetas de débito, por lo que no extrañaría que deduzca una proporción (usualmente baja) del monto percibido por el comercio.

En ambos casos, siendo transferencias exclusivamente internas, su costo es marginal, lo cual le deja al banco la casi totalidad de las comisiones como ingresos netos.

Adicionalmente, están los potenciales ingresos que pudiera percibir por la intermediación financiera de los depósitos que reciba, pero aquí aparecen riesgos que son más difíciles de mitigar.

Riesgo crediticio

Los depósitos en divisas que reciba estarán sujetos a un encaje obligatorio de 31% (por los momentos) en el Banco Central. Adicionalmente el banco deberá mantener una proporción adicional en billetes en las taquillas de los bancos. Una estimación muy conservadora de esa proporción no baja del 10%. Esto deja al banco con menos del 60% de lo recibido para poder intermediar y obtener ingresos que cubran esos costos.

Esto deja al banco con menos del 60% del monto que reciba para colocar. Pero, ¿en qué activos puede colocar esas divisas?

El rango de activos no es muy amplio, sobre todo si la institución financiera trata de evitar cualquier transacción que pueda ser considerada una violación indirecta de las sanciones estadounidenses.

Lo lógico sería que el banco ofrezca créditos en divisas a clientes comerciales, pues este tipo de créditos ya está indexado al dólar por decisión del BCV. En esta economía de importaciones que han acentuado las políticas económicas del gobierno, los comercios necesitan créditos en divisas para traer los bienes que requieren y, crucialmente, están vendiendo esos productos en divisas igualmente.

A primera vista luce todo bien, pero ¿es prudente prestar en divisas a clientes que operan en una economía dolarizada en forma imperfecta y asimétrica? Tengo mis dudas. El universo de comercios con una clientela capaz de pagar en divisas es necesariamente limitado. Igualmente el respaldo patrimonial en el territorio nacional de los comercios es muy bajo, lo que obligará al banco a buscar formas de garantizar los créditos que pueden ser costosos para ambas partes. Estas consideraciones también son pertinentes si, en lugar de créditos, el financiamiento lo reciben empresas que emiten bonos denominados en divisas, como ha sido propuesto.

Scotiabank tiene una amplia experiencia en países dolarizados o donde hay una co-circulación de divisas con monedas locales. Es posible que la decisión de lanzar el producto haya estado acompañada de un análisis de estas posibilidades con apoyo del banco canadiense. Pero la situación venezolana es peculiar.

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Y no he entrado a considerar el impacto que sobre las transacciones comerciales en divisas tendrá el impuesto a esas ventas recientemente aprobado por la ANC.

El otro tipo de activos que pudiera adquirir el Banco del Caribe son bonos soberanos en divisas. Dudo mucho que esa sea la opción que elija, pues chocaría con su prudencia tradicional adquirir bonos en default. Además, corre el riesgo de que la actual dispensa de la aplicación de las sanciones norteamericanas le impida negociar esos bonos en un futuro.

Riesgo de liquidez

Cuando un banco intermedia depósitos a la vista colocando los fondos en activos que no puede recuperar de inmediato, la institución financiera debe prever cómo afrontar retiros inesperados. Parcialmente este riesgo se mitiga con las reservas voluntarias antes comentadas.

Pero el verdadero baluarte frente a problemas de liquidez son los préstamos interbancarios y, en última instancia, la ventanilla de emergencia del Banco Central. Pero en Venezuela no existe hoy un mercado interbancario en divisas ni es previsible que aparezca en el corto plazo. Y el BCV no cuenta con un mecanismo de suministro de préstamos en divisas.

Incluso, una liberación del encaje en divisas pudiera no ser lo suficientemente ágil para cubrir retiros masivos, que necesariamente serían exigidos en efectivo.

Con opciones limitadas y con tantos imponderables para la intermediación de los depósitos recibidos en divisas y las enormes dificultades para mitigar el riesgo de liquidez, no me sorprendería que el Banco del Caribe decida no intermediar los depósitos en divisas, eliminando el riesgo de liquidez a costa de la rentabilidad del producto.

Riesgo cambiario…. para los clientes

Si el banco, como creo, opta por mantener en sus bóvedas los billetes que reciba de sus clientes, no tendría riesgo cambiario alguno en la operación, siempre y cuando el BCV devuelva el encaje enterado en las mismas divisas originales.

Para los clientes la situación es diferente. En algún lugar del contrato que suscriba aparecerá una cláusula indicando que, de acuerdo con lo establecido en el artículo 128 de la Ley del Banco Central de Venezuela, el banco podrá devolver los depósitos, a su elección, con la entrega de lo equivalente en bolívares, al tipo de cambio oficial.

Esta situación puede ocurrir incluso en contra de los deseos de la propia institución financiera, si así lo ordena el gobierno. Hay suficientes antecedentes en la región de conversión forzosa de depósitos en divisas a moneda local. También cabe recordar lo ocurrido en 2018 con los tenedores de los Bonos TICC 2019, cuando el gobierno rescató anticipadamente esos títulos justo antes de un ajuste importante del tipo de cambio oficial.

Para los clientes del Banco del Caribe mantener sus divisas en una cuenta en lugar de efectivo, pese a su costo y restricciones operativas, es una propuesta atractiva. Pero no está exenta de riesgos para ellos y para el banco.

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