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La de Maduro ya no es crisis sino emergencia petrolera. ¿Por qué?

lunes 02 de marzo de 2020, 15:01h
Zenaida Amador (ALnavío).- Las sanciones internacionales son en verdad una piedra en el zapato para el régimen de Nicolás Maduro que, si bien ha buscado vías alternas para evadirlas, encuentra cada vez mayores dificultades para seguir adelante. La industria petrolera, aun en medio de su precariedad, sigue siendo la principal generadora de ingresos del país y hoy está cercada entre la deficiencia productiva, las dificultades para exportar y el desbordamiento de inventarios. Un cuadro complejo donde Maduro mueve piezas internas y alianzas internacionales.
Maduro declaró “la emergencia energética de la industria de hidrocarburos” / Foto: @PresidencialVen
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Maduro declaró “la emergencia energética de la industria de hidrocarburos” / Foto: @PresidencialVen

Recientemente, como clara respuesta a la sacudida que significaron las sanciones dictadas por Estados Unidos a una unidad comercial de la petrolera rusa Rosneft por sus lazos con Petróleos de Venezuela (PDVSA), Maduro declaró “la emergencia energética de la industria de hidrocarburos a los fines de adoptar las medidas urgentes y necesarias para garantizar la seguridad energética nacional y proteger a la industria de la agresión imperialista”.

Si bien es cierto que la producción petrolera de Venezuela se ha desplomado tras años de desinversión y mal manejo de PDVSA, al punto de que se encuentra por debajo del millón de barriles diarios, son las exportaciones petroleras la principal fuente de ingresos de la nación. Pero las limitaciones para exportar a causa de las sanciones complican aún más la situación, por lo que ha sido crucial el rol de Rosneft como operadora internacional del crudo venezolano.

De acuerdo con la agencia Reuters, Reliance, que ha sido cliente de PDVSA por largo tiempo, hasta ahora no ha presentado solicitudes de carga de crudo venezolano para abril. Nayara Energy, por su parte, planea dejar de procesar petróleo venezolano en sus refinerías luego de que reciba dos cargamentos programados para salir de Venezuela en marzo.

Rusia aseguró que seguirá adelante en su alianza con Maduro aun con las medidas de Donald Trump, pero la presión escala y ahora, con la amplitud de las medidas del Departamento del Tesoro, podrían registrarse secuelas adicionales para las ya frágiles finanzas venezolanas. Quienes hacen transacciones con Rosneft Trading tienen hasta el 20 de mayo para terminar sus contratos y, según el enviado especial de EEUU para Venezuela, Elliott Abrams, esto incluye a cualquiera, sea estadounidense o no.

Aunque por ahora la medida no toca a Rosneft casa matriz, sí arroja una señal de la línea que marca la administración Trump contra el régimen de Maduro, que parece prepararse para lo peor. Esto pudiera explicar la visita efectuada a Qatar por Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva de Maduro, este fin de semana. Rodríguez señaló que era parte de la “diplomacia bolivariana de paz, en defensa de nuestra soberanía y cooperación internacional”; pero no hay que olvidar que QH Oil Investments LLC, sociedad inversionista catarí, tiene 19% de participación accionaria en Rosneft.

Esto, así como la participación de BP, también como accionista, más el peso que tiene Rosneft en el mercado petrolero global, son factores que han podido limitar el alcance de las sanciones de Trump sobre la empresa rusa. Sin embargo, Washington ha dicho que seguirá presionando.

El propio Abrams aseguró que la idea es ir tras los clientes del petróleo venezolano, incluyendo los de Asia, así como de los intermediarios que ayudan a Caracas a ocultar el origen del crudo para evadir sanciones.

Sin capacidad

Existen versiones que apuntan a que Reliance Industries y Nayara Energy de la India están evaluando reducir sus compras de crudo venezolano desde abril temiendo el alcance de las sanciones de Estados Unidos.

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De acuerdo con la agencia Reuters, Reliance, que ha sido cliente de PDVSA por largo tiempo, hasta ahora no ha presentado solicitudes de carga de crudo venezolano para abril. Nayara Energy, por su parte, planea dejar de procesar petróleo venezolano en sus refinerías luego de que reciba dos cargamentos programados para salir de Venezuela en marzo.

Ya en el último tramo de 2019 se hizo evidente que aun con un bombeo en mínimos históricos, el crudo disponible en Venezuela superaba la capacidad de exportación de la nación. De allí que se estuviera saturando la capacidad de almacenamiento de hidrocarburos, tanto a nivel continental y flotante.

Esta situación ha seguido y ahora, con mayores restricciones para exportar, se agudizará. De acuerdo con Argus en la actualidad PDVSA tiene más de 35 millones de barriles de crudo almacenados, pero carece de capacidad para almacenar mucho más debido a la falta de mantenimiento en las instalaciones y los daños subsecuentes. Se trata de un reto más para Maduro.

Movimiento interno

La emergencia de la industria petrolera decretada por Maduro dio paso a la tercera reestructuración de PDVSA de los últimos tres años. En esta ocasión, como en las dos anteriores, Tareck El Aissami recibe un rol protagónico en el proceso, algo que resulta complejo de cara a cualquier gestión que el actual vicepresidente del Área Económica de Maduro pueda realizar debido a las sanciones que pesan sobre él y al hecho de que el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EEUU lo incluyó en la lista de los más buscados por el delito de narcotráfico.

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Además, fueron designados cuatro vicepresidentes (Antonio Pérez, Comercio y Suministros; Oswaldo Pérez, Finanzas; Edwin Hernández, Exploración y Producción; y Gabriel Oliveros, Refinación) y Germán Márquez fue nombrado presidente de la Corporación Venezolana de Petróleo (CVP).

Según Argus, entre las prioridades de estos reestructuradores de PDVSA está identificar cualquier instalación de almacenamiento no utilizada que pueda repararse rápidamente y volver a ponerse en servicio. Incluso se analiza la viabilidad de abrir pozos para almacenar crudo cerca de los campos petroleros productivos en las divisiones occidental, oriental y en la Faja del Orinoco.

El desbordamiento de inventarios conduce a limitar la ya menguada producción, a paralizar el despacho de crudo a los terminales de embarque e, incluso, al cierre de producción de ciertos pozos.

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