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Otro intento más de Maduro de ponerle la mano a los dólares de las remesas

jueves 12 de marzo de 2020, 15:02h
José Manuel Rotondaro (KonZ).- Desde hace tiempo, el régimen de Maduro ha estado intentando sin mucho éxito ponerle la mano a las divisas que ingresan al país en forma de remesas. Debido al control de cambios y la ausencia de estadísticas fiables dado lo reciente de la migración masiva venezolana, no hay cifras creíbles del monto de esas remesas. El Banco Mundial estimó que en 2018 alcanzaron 289 millones de dólares, monto irrelevante en el contexto mundial e incluso en comparación con el PIB nacional. Pero el crecimiento relativo es significativamente más alto que en el resto del mundo, sin considerar los montos que escapan a las estimaciones.
Para enviar 600 dólares mensuales hay que pagar 90 dólares en comisiones / Foto: Torange
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Para enviar 600 dólares mensuales hay que pagar 90 dólares en comisiones / Foto: Torange

Hasta ahora el régimen de Nicolás Maduro no ha tenido mucho éxito en capturar esas divisas. La sinceración del tipo de cambio sin duda ha ayudado a que parte del flujo de remesas se canalice a través de instituciones que luego deben vender lo recibido al Banco Central. Los números de balanza de pagos no ayudan mucho pues la cifra relevante (transferencias corrientes) engloba muchos tipos de transacciones. Pero el diferencial de precios entre el tipo de cambio oficial y el prevalente en el paralelo, aun cuando menor que en 2018, y la necesidad de los receptores de contar con divisas en lugar de bolívares para sus transacciones, desincentiva el uso de los canales financieros tradicionales.

Pero el gobierno no cesa en su deseo de tomar esa atractiva fuente de divisas. Sin mucha alharaca el 10 de marzo, la Superintendencia Nacional de Criptoactivos y Actividades Conexas (Sunacrip) lanzó el sistema que permitirá a personas en el exterior enviar dinero a residentes en Venezuela, utilizando criptoactivos.

Revisando las condiciones del sistema, tanto las expuestas en forma destacada como la letra pequeña en los términos y condiciones, resulta claro que la mentalidad estatista de control sigue campante en el régimen. Esto permite vaticinar que pocos harán uso de ese sistema.

Límites a las operaciones

Lo primero que luce incongruente es la existencia de un límite máximo del monto que puede enviarse (o recibirse) por mes, equivalente a 10 petros. Las normas publicadas por la Sunacrip además son confusas. La cláusula 3.2 de los términos y condiciones establecen el límite al “monto máximo de envío” para la persona en el exterior, pero luego la cláusula 3.5 alude a la situación en la que “el monto a enviar excede del permitido para el Receptor” en Venezuela.

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En cualquier caso, e independientemente de que el límite de 600 dólares mensuales sea suficientemente amplio para abarcar a la mayoría de las remesas, la disposición le da al sistema un cariz limitativo que sin duda ahuyentará a los potenciales usuarios.

Las normas de Sunacrip prevén que, a solicitud del receptor, el límite de 10 petros pueda ser ampliado hasta 50 petros, reforzando el carácter burocrático del esquema.

¿Aprobación automática o discrecional?

Tanto el manual como las normas dan la apariencia de que el proceso de envío y recepción de remesas fluye en forma automática, si se cumple con los requisitos de identificación usuales y límites. Pero las normas contemplan que desde el momento que el que envía las divisas acepta las condiciones pueden transcurrir hasta dos horas para que reciba “el identificador de la operación” que requiere para enviar los fondos. Si transcurre el plazo y no ha recibido tal información, la transacción se considera cancelada.

¿Significa esto que hay algún proceso manual de aprobación? No pareciera ser el caso toda vez que las normas indican que la Sunacrip “buscará los mecanismos tecnológicos y de seguridad para mantenerse operativa las 24 horas del día los siete (7) días de la semana”. Pero la ausencia de inmediatez en proporcionar la información requerida para completar la transacción crea suspicacias.

Esquema engorroso y expuesto a la volatilidad

Una de las restricciones del sistema es que obliga al que envía una remesa a comprar criptoactivos, específicamente bitcoin o litecoin, en la cantidad equivalente al monto que desea enviar en euros. En otras palabras, el remitente debe ingresar al sistema, introducir la cantidad de euros que desea enviar y el sistema le informa el monto de criptoactivos que debe adquirir para luego transferirlos a la Sunacrip.

En el caso de transferencias de criptoactivos, las comisiones están expresadas por un monto fijo independientemente del monto de la transacción. Por ejemplo, una de las plataformas de bitcoin más utilizadas en Venezuela, LocalBitcoins, cobra apenas 0,00001 bitcoins por envío fuera de la plataforma. A los precios actuales eso equivale a 0,06 euros. Para alguien que envíe el máximo de 600 dólares mensuales esto significa pagar 90 dólares en comisiones.

Aquí es cuando entra en juego el ‘identificador de la operación’ antes mencionado. Ese identificador es en realidad la dirección a la cual el remitente debe transferir el criptoactivo respectivo. Esto introduce un riesgo adicional al usuario, dada la volatilidad que tienen los precios de esos criptoactivos. Lo lógico sería esperar a que el sistema de Sunacrip informe tal dirección antes de comprar el criptoactivo.

Inevitablemente, aún en condiciones ideales, el monto en divisas que debe pagar por el monto de bitcoins o litecoins que debe transferir a la Sunacrip necesariamente será diferente al inicialmente pactado.

Además de la volatilidad ya indicada, muy probablemente Sunacrip use el precio puntual del criptoactivo en una de las múltiples plataformas donde se transen. Las diferencias de precios entre esas plataformas en un mismo instante son considerables en el contexto del mundo financiero. Estamos hablando de 5% o más en ambos sentidos. Para rematar, las normas de Sunacrip mencionan que “el precio de las criptomonedas será ajustado cada diez (10) minutos”, lo cual es una eternidad en esos mercados.

El material proporcionado por Sunacrip no indica cuál es la referencia de precio que usará el sistema. Es de esperar que utilice el proporcionado por la plataforma que luego use para deshacerse de la posición en criptoactivos y recibir divisas. Con las sanciones impuestas al gobierno venezolano sospecho que no será una de las plataformas más activas y con mayor profundidad, todas ubicadas en Estados Unidos o la Unión Europea. Esto puede traducirse en precios alejados de los que el usuario común encuentre en su país.

Adicionalmente, como en todo mercado financiero, el precio del criptoactivo para el comprador de pequeñas cantidades será peor que el promedio, encareciendo la transacción.

Costo abusivo

Uno de los principales atractivos de los criptoactivos como canal para transferencias de divisas es su bajísimo costo transaccional. Pero tal ventaja no existe en la mente de los ‘criptogenios’ de la Sunacrip. Las normas indican que “la comisión por cada transacción será de hasta un quince por ciento” con un mínimo de 0,25 euros por transacción.

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Esto es inaudito. Rara vez se ven comisiones por transferencias de divisas tradicionales superiores a 7-8%. Claramente el gobierno quiere cubrir el riesgo financiero de la volatilidad de los criptoactivos comentada arriba, encareciendo la operación para el usuario.

Peor aún, en el caso de transferencias de criptoactivos, las comisiones están expresadas por un monto fijo independientemente del monto de la transacción. Por ejemplo, una de las plataformas de bitcoin más utilizadas en Venezuela, LocalBitcoins, cobra apenas 0,00001 bitcoins por envío fuera de la plataforma. A los precios actuales eso equivale a 0,06 euros. Para alguien que envíe el máximo de 600 dólares mensuales esto significa pagar 90 dólares en comisiones. Esto es un robo descarado.

El petro como mera unidad de cuenta

Lo único positivo del sistema anunciado por la Sunacrip es que implícitamente reconoce que el petro no es atractivo como medio de pago o de inversión. El esquema funciona y es descrito como una transacción que permite al residenciado en el exterior usar divisas para que un residente en Venezuela reciba bolívares.

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Los bolívares quedan inicialmente en el Monedero de la Plataforma Patria, desde la cual se supone que el residente en Venezuela podrá transferirlos a cuentas bancarias o usarlos en transacciones comerciales. Eso sí, la Sunacrip se reserva el derecho de imponer “comisiones adicionales por inmovilización y custodia de los recursos”, encareciendo potencialmente aún más las transacciones.

Las normas prevén que el receptor de la remesa la convierta en petros, almacenada en el monedero de la Sunacrip. Pero con la suspensión arbitraria de la conversión de ese criptoactivo a bolívares a raíz de la asignación de aguinaldos en esa billetera el año pasado, dudo que esa opción sea atractiva para nadie.

En conclusión, estamos ante otro capítulo más de la larga serie de desatinos conceptuales y operativos por parte de la Sunacrip, institución que ha venido suplantando al Banco Central de Venezuela en funciones que, de acuerdo con la Constitución y las leyes, le son propias.

Mi consejo para quienes estén interesados en este sistema, es que no lo consideren. Hay otras alternativas más seguras, económicas y rápidas que este engendro del madurismo en su ocaso.

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