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Esto es lo que le queda a Maduro después de la acusación por narcotráfico de EEUU

viernes 27 de marzo de 2020, 21:00h
Zenaida Amador (KonZ).- Las gestiones de Nicolás Maduro para lograr la flexibilización de las sanciones internacionales en su contra se ven truncadas con las acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra él y 14 allegados al régimen. El cerco no sólo se sostiene, sino que se recrudece, sin importar los argumentos humanitarios a los que apela Maduro a propósito del brote del Covid-19. Ni hablar de sus búsquedas de financiamiento.
A Maduro sólo le quedan las alianzas ya amarradas / Foto: @NicolasMaduro
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A Maduro sólo le quedan las alianzas ya amarradas / Foto: @NicolasMaduro

Las acciones de EEUU contra el liderazgo del chavismo pasaron al ámbito judicial con una contundencia abrumadora. Lidiar con narcotraficantes, acusados como tales tras investigaciones que datan de 1999, no será fácil para la comunidad internacional. Ya no lo era con las sanciones personales y económicas impuestas por Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro, ahora mucho menos.

Maduro, identificado como el líder de la red de narcotraficantes “El cartel de los soles”, fue acusado de participar en una conspiración narcoterrorista, lo que implica hasta cadena perpetua en prisión. Hay orden de captura para él y su cabeza tiene precio: 15 millones de dólares. Algo similar pasa con varios funcionarios de su entorno, que lideran instituciones clave de su régimen como los cuestionados Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Las actividades comerciales están paralizadas con bajo o casi nulo tráfico de mercancías por tierra y mar, hay cierres fronterizos férreos y hay un mayor monitoreo de cualquier movimiento que se intente fuera del territorio. Esto último de seguro se intensificará luego de los señalamientos del Departamento de Justicia de EEUU.

Desde 2017, cuando Washington le aplicó las primeras sanciones, porque Maduro se salía de la línea democrática creando por vías írritas la ANC como un Parlamento paralelo, a su régimen se le ha venido complicando sostenerse financieramente. De hecho, esa primera acción le cerró a Petróleos de Venezuela (PDVSA) parte del acceso al financiamiento global y le limitó la comercialización de sus productos con Estados Unidos, que despuntaba entre sus clientes tanto por los volúmenes comprados como porque este intercambio en efecto generaba caja para la estatal petrolera, ya abrumada por deudas, desinversión y corrupción.

A partir de ese momento la presión fue en aumento mientras Maduro radicalizaba sus posturas y se alejaba cada día más de la senda democrática, al punto de que en enero de 2019 impuso un segundo mandato, usurpando así la Presidencia de Venezuela. Tal decisión no sólo potenció las sanciones de EEUU sino de otros países de la comunidad internacional.

Aun así, Maduro hasta ahora ha podido contar con el respaldo de aliados estratégicos como Rusia, que -a través de Rosneft- se convirtió en articulador del negocio petrolero venezolano, evadiendo el cerco y colocando el crudo en varios mercados, principalmente de Asia, con descuentos que van entre 10 y 15 dólares por barril. Si bien Maduro lograba así saltar las sanciones, la verdad es que la poca capacidad de la industria petrolera y las condiciones en las que pactaba tales operaciones dejaron al país con un hilo de recursos, algo que se agravó en este primer tramo de 2020 a causa del impacto global del Covid-19, que desplomó los precios petroleros.

Entonces a Maduro no le quedó más que pedir el cese de las sanciones, apelando a razones humanitarias a propósito de la pandemia del coronavirus. Hasta llegó a acudir de forma efectista al Fondo Monetario Internacional (FMI) solicitando 5.000 millones de dólares de financiamiento para hacerle frente a la crisis. Lo segundo fue descartado de inmediato, apelando a las fallas de forma de la solicitud y sin necesidad de entrar en el detalle de la opacidad de las estadísticas y la ausencia de un plan económico que en verdad ayude a al país a salir del trance al que ha llegado luego de dos décadas de desatinos. Lo primero también parece quedar de lado frente a las acciones del Departamento de Justicia de EEUU.

¿Qué le queda a Maduro?

Rusia y China han sido claves en la supervivencia de su régimen hasta ahora.

Es verdad que con el apoyo ruso pudo gestionar su negocio petrolero hasta ahora, pero ya -sin las acusaciones de narcorrégimen- esto se había hecho cuesta arriba. Las sanciones contra empresas como Rosneft Trading y TNK Trading, por ejemplo, generaron una caída en los ya menguados despachos de crudo, por lo que Maduro tuvo que comenzar a almacenar los excedentes y progresivamente disminuir el precario bombeo petrolero.

China, por su parte, si bien ha sido solidaria, eso no ha hecho que reactive sus asistencias financieras al régimen. Se da por hecho que Maduro está intentando, al menos, que le aprueben otro período de gracia que le rebaje el peso de las deudas pendientes y que Venezuela paga con petróleo.

Según Reuters, la renegociación luce urgente porque el pago anual, bajo los acuerdos firmados en la década pasada, estaría en unos 3.000 millones de dólares con los actuales precios del petróleo. Ese monto representa una cuarta parte de las ventas de crudo que habría concretado el gobierno en 2019. No hay que olvidar que todo indica que, debido a los flujos disponibles y los precios del crudo, los ingresos petroleros proyectados serán 60% inferiores a los reportados el año pasado.

Maduro no tiene margen. Incluso el oxígeno que recibía indirectamente, gracias a las remesas que los venezolanos en el exterior enviaban a sus familiares en el país, vienen en picada. Según Bloomberg, el impacto del coronavirus a nivel global hace que los migrantes tengan menos posibilidades, por lo que las remesas experimentarán una caída de entre 30 a 50% con respecto a lo reportado en 2019, que fue cerca de 4.000 millones de dólares.

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En los últimos años ha recurrido a la minería, una actividad de la que no rinde cuentas y que maneja de forma discrecional, cuyos productos salen del país por diversas vías para seguir una ruta internacional difusa. Además, echó mano de las barras de oro que eran parte de las reservas del Banco Central de Venezuela.

Pero no es lo único. Cálculos de la firma Ecoanalítica indican que por actividades ilícitas el régimen de Maduro logró 32% de los ingresos reportados en 2018. Se trata de unos 14.400 millones de dólares generados por el contrabando de oro, gasolina y narcotráfico, entre otros.

Incluso estas prácticas ilícitas se resienten en la coyuntura del Covid-19. Las actividades comerciales están paralizadas con bajo o casi nulo tráfico de mercancías por tierra y mar, hay cierres fronterizos férreos y hay un mayor monitoreo de cualquier movimiento que se intente fuera del territorio. Esto último de seguro se intensificará luego de los señalamientos del Departamento de Justicia de EEUU.

No hay que perder de vista que a EEUU todavía le queda el cartucho de designar a Venezuela como Estado patrocinador del terrorismo, con todas las implicaciones que una medida de este tipo acarrea.

A Maduro sólo le quedan las alianzas ya amarradas, las triangulaciones que pueda cuadrar a través de operadores poco escrupulosos y las asistencias que por razones humanitarias pueda levantar, pero no mucho más. Habrá que ver quiénes se retratan como financistas de su régimen y bajo cuáles draconianas condiciones.

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