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Así fue como una promesa de Hugo Chávez a China no se hizo realidad

lunes 06 de abril de 2020, 23:00h
Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- Si se mira hacia atrás, aquello prometía. Las cifras de Hugo Chávez impresionaban. Decía que en 2015 Petróleos de Venezuela, PDVSA, le estaría vendiendo 1.000.000 de barriles diarios de petróleo a China. Eso era más que duplicar lo que en 2012 se le estaba entregando. ¿Y qué pasó?
Hugo Chávez estaba orgulloso de los nexos y los acuerdos establecidos con China / Foto: Hugo Chávez
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Hugo Chávez estaba orgulloso de los nexos y los acuerdos establecidos con China / Foto: Hugo Chávez

Pasó lo que todo el mundo sabe. Y cuando se dice todo el mundo es todo el mundo. PDVSA ya no figura entre las petroleras globales. Y Venezuela quedó fuera del mapa energético mundial. China sigue recibiendo petróleo. Pero son Estados Unidos, Arabia Saudita y Rusia, los que se han convertido en seguros suplidores de crudo.

Al cabo de todo este tiempo, la industria petrolera de Venezuela es un campo devastado. Apenas si se llega a 400.000 barriles diarios. Se importa toda la gasolina. Y PDVSA es una compañía sobre la que pesan las sanciones de los Estados Unidos. Con PDVSA fuera de juego, otros actores han ocupado o han fortalecido la relación con China como suplidores seguros de petróleo.

Hugo Chávez estaba orgulloso de los nexos y los acuerdos establecidos con China. ¿Cuándo en otro tiempo se había logrado eso?, le preguntaba a los actores políticos del país. Y de entrada ponía de ejemplo la negativa de los expertos de que era imposible venderle petróleo a China debido a la extrema distancia. Pero llegó Wilmer Ruperti, el hombre que le ayudó a Chávez a romper el paro petrolero de 2002, y abrió la ruta. Así que en 2012 las entregas de crudos se habían montado en 400.000 barriles diarios y la promesa de Chávez era llegar en 2015 a 1.000.000 (un millón), y seguir aumentando, ya que, ofrecía, Venezuela iba a ubicarse en una producción de 9.000.000 millones de barriles diarios, como Rusia, como Arabia Saudita. En 2012, cuando Chávez hablaba de todo esto, Venezuela producía 3.000.000, luego de un recorte por cuotas OPEP de 400.000 barriles diarios.

Al cabo de todo este tiempo, la industria petrolera de Venezuela es un campo devastado. Apenas si se llega a 400.000 barriles diarios. Se importa toda la gasolina. Y PDVSA es una compañía sobre la que pesan las sanciones de los Estados Unidos. Con PDVSA fuera de juego, otros actores han ocupado o han fortalecido la relación con China como suplidores seguros de petróleo. Estados Unidos le vende desde 2016. Rosneft, la empresa rusa que acaba de traspasar sus operaciones a una compañía controlada por el Kremlin, acordó con China la venta de 600.000 barriles diarios por lo menos hasta 2045, y por este pacto ya recibió adelantos por 60.000 millones de dólares de CNPC, compañía estatal china. Aramco, de Arabia Saudita, también hace lo suyo. En refino y en crudo. El año pasado, Aramco y los grupos Norinco y Panjin Xincheng arribaron a un acuerdo para construir una refinería y un complejo petroquímico. En 4 años, cuando la refinería entre en operaciones, podrá procesar 300.000 barriles diarios de crudo.

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La situación para Venezuela y PDVSA no promete ser mejor. Así como Rosneft se desvincula de sus negocios en el país, ya los expertos dan como un hecho que la estadounidense Chevron proceda en la misma dirección, obligada por las sanciones impuestas por los Estados Unidos. Esta será la primera vez en la historia que en Venezuela no haya una sola compañía petrolera de los Estados Unidos después de un más de un siglo de operaciones continuas.

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