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Otra emergencia más: Venezuela puede quedarse sin alimentos y Maduro no tiene gasolina

viernes 10 de abril de 2020, 16:03h
Zenaida Amador (KonZ).- Desde el 17 de marzo en el país se impuso la suspensión general de actividades en el marco de una cuarentena nacional para impedir la propagación del Covid-19, pero hay otro elemento que ocurre en paralelo y que comienza a poner en riesgo el abastecimiento de los productos y servicios básicos que demanda la población. Se trata de la aguda escasez de combustibles que sacude a Venezuela a un ritmo más acelerado que el propio coronavirus.
En este momento el elemento más grave es la escasez general de gasolina / Foto: Henrique Capriles
En este momento el elemento más grave es la escasez general de gasolina / Foto: Henrique Capriles

Dos décadas de políticas públicas desacertadas arrasaron el campo venezolano. Al cierre de 2019 la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro) calculaba que, en promedio, Venezuela sólo produce 25% de los alimentos que consume, un cuadro dramático para un país sin recursos para importar lo necesario para compensar este déficit. De hecho, entre 2013 y 2018 las importaciones alimentarias registraron un declive de 64%, según los datos de la Red Agroalimentaria de Venezuela. Se estima que esa contracción se agravó en 2019 y que para este año el desplome en las compras externas se agudizará tanto por los coletazos de la pandemia sobre la actividad comercial global como por la esperada caída de más de 60% en los ingresos petroleros de la nación.

Al margen del tema sanitario asociado a la pandemia, con la actual escasez de combustibles luce complicado que se intente una reactivación amplia de actividades laborales en el país en los próximos días, lo que a su vez tiene un severo impacto sobre la economía en su conjunto. A la fecha las estimaciones de los economistas proyectan una caída de 20% del PIB al cierre de 2020.

Pero en este momento, de manera puntual, el elemento más grave es la escasez general de gasolina, que no solamente complica la distribución de productos en el país sino que está generando la pérdida de la poca producción agropecuaria que todavía subsiste. Lo peor es que no hay perspectivas de que la crisis de la gasolina pueda subsanarse pronto. El mercado interno venezolano consume unos 110.000 barriles de combustible al día, pero el colapsado sistema refinador nacional a duras penas produce 40.000 barriles por día y las dificultades para importar combustibles en el marco de las sanciones perfilan un oscuro panorama de racionamientos.

Según la Asamblea Nacional (AN), el suministro de gasolina de manera continua en el país apenas se ubica en 0,28% y el surtido está siendo controlado por la Fuerza Armada Nacional, lo que no se ha traducido en un reparto equitativo de las pocas existencias a los sectores priorizados (salud, alimentos, servicios básicos, transporte y seguridad) sino que ha dado lugar a manejos turbios, como sobreprecio en dólares de más de 400.000% por la llamada “gasolina más barata del mundo” (0,001 dólares por litro) y venta de cupos en las largas colas, dejando sin atender a dichos sectores.

Las esperanzas están centradas en el próximo arribo al país de una carga de 700.000 barriles de gasolina, equivalentes a una semana de consumo, que las autoridades tendrán que rendir ante el incierto futuro de los suministros.

Pérdida de producción

La Subcomisión de Desarrollo Agroalimentario de la AN señala que, si bien es cierto que el sector primario de la economía ha sido severamente golpeado por las políticas públicas, todavía existe producción de carne vacuna, de aves y de cerdos; así como producción de leche y de huevos; mientras que en el subsector vegetal se siembran y se cosechan hortalizas, raíces, tubérculos, granos, leguminosas, arroz, caña de azúcar y frutales; y mientras los pescadores artesanales e industriales y los acuicultores siguen produciendo alimentos proteicos, los cuales son fundamentales para atender las necesidades alimentarias de la población.

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Sin embargo, la falta de suministro de combustibles y la orden de no permitir la movilidad hacia las unidades de producción de los vehículos de trabajo y de transporte de la cosecha y de la pesca, puede hacer colapsar el suministro de alimentos perecederos a la población. “Responsabilizarnos a las mafias que se han instalado en las estaciones de servicio de la escasez de alimentos en los centros de distribución y en las ciudades. Por otra parte, la situación de la población rural es desesperante, ya que las reservas de alimentos manufacturados empiezan a escasear debido también a la falta de transporte”, señala la Subcomisión.

Si los productores y distribuidores no puedan despachar se hace inminente el desabastecimiento en el mercado y una pérdida de producción que puede tener impactos más allá de la coyuntura actual, agravada por la presencia del Covid-19.

De acuerdo con Werner Gutiérrez Ferrer, exdecano de la Facultad de Agronomía de la Universidad del Zulia, la agudizada crisis de la gasolina está por asfixiar a los productores y ganaderos que siguen intentando mantener en pie sus fincas. Los siguientes son algunos de los casos que lleva documentados:

1-En la población de La Grita, municipio Jáuregui, estado Táchira, tres domingos consecutivos ha estado paralizada por ausencia de gasolina la “Bolsa Agrícola”, que por más de 20 años ininterrumpidos ha servido como principal centro de acopio de la zona alta de esta región andina, que envía al mercado nacional más de 5.000 toneladas semanales de hortalizas.

2-En el municipio Anzoátegui, estado Cojedes, un grupo de 200 productores de tabaco, cebolla, tomate y arroz llevan más de 15 días sin poderse surtirse de gasolina lo que los pone en riesgo de perder sus cosechas.

3-Andrés Ramírez, productor de Timotes, municipio Miranda, estado Mérida, reportó la pérdida de un corte completo de lechuga y repollo luego de esperar 22 días por suministro de gasolina para el traslado de la cosecha al mercado nacional, debiendo ser destinado a la alimentación de ganado.

4-José Peña, productor de plátanos del Sur del Lago de Maracaibo, Zulia, acumuló 22 días sin poder realizar la cosecha en sus plantaciones por no disponer de combustible para los camiones que trasladan la fruta al mercado.

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En cuanto a este último rubro las complicaciones por la ausencia de combustible van más allá del traslado de los productores a sus fincas para las labores cotidianas, así como para movilizar insumos y su propia producción. La Fundación para el Mejoramiento del Plátano en Venezuela estima que este año se perderán unas 40.000 toneladas por daños directos a los cultivos del rubro y 40.000 toneladas más por falta de asistencia.

Explica que, por ejemplo, en los municipios Colón, Francisco Javier Pulgar y Sucre del estado Zulia existen de 6.000 a 8.000 hectáreas que están en riesgo porque los sistemas de drenaje y de bombeo mecánico que requieren dependen de gasolina y gasoil, lo cual es clave porque se inicia el periodo de lluvias y será imposible el achique en esas tierras.

Las consecuencias en general para el sector son difíciles de cuantificar.

Mirar más allá

No hay que olvidar que según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en Venezuela hay unos 6,8 millones de venezolanos subalimentados. De hecho, desde 2015 se considera que Venezuela se encuentra en una crisis humanitaria compleja.

De allí que un agravamiento de las deficiencias alimentarias puede colocar al país en una situación de vulnerabilidad extrema, en especial porque todavía se están enfrentando las primeras etapas del brote de Covid-19.

Aunque la medida de aislamiento social masivo tiene vigencia hasta el 13 abril, las autoridades venezolanas han dado algunas señales de que tratarán de mantener el país en actividad mínima. De hecho, ya se anunció que el año escolar que culmina en julio deberá continuar por vías digitales, pues no se reactivarán las clases presenciales hasta nuevo aviso.

Al margen del tema sanitario asociado a la pandemia, con la actual escasez de combustibles luce complicado que se intente una reactivación amplia de actividades laborales en el país en los próximos días, lo que a su vez tiene un severo impacto sobre la economía en su conjunto. A la fecha las estimaciones de los economistas proyectan una caída de 20% del PIB al cierre de 2020.

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