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Maduro no entra en pánico y mueve la ficha de Tareck El Aissami

martes 28 de abril de 2020, 15:26h
Por Juan Carlos Zapata (KonZ).- Maduro todavía no entra en pánico. Con todos los factores en contra de la crisis, y sin embargo, hace una jugada que se entiende como todo un desafío a los Estados Unidos. Designar a Tareck El Aissami ministro de Petróleo.
Tareck El Aissami se afianza en el circuito del poder / Foto: Presidencia
Tareck El Aissami se afianza en el circuito del poder / Foto: Presidencia

Cuando en 2011, los Estados Unidos sancionaron al general Henry Rangel Silva, Hugo Chávez reaccionó designándolo ministro de la Defensa y asumió su defensa pública. Ya Nicolás Maduro lo había hecho con Tareck El Aissami, manteniéndolo dentro del anillo del poder, a pesar de las acusaciones de los Estados Unidos por el delito de narcotráfico y de colocarlo en la lista de los hombres más buscados.

Pese a todo, Maduro mueve las piezas y cierra más el anillo del poder. Y esto será porque Maduro aun no entra en pánico. Envía un mensaje interno y envía un mensaje a los Estados Unidos de que sigue manteniendo el control. En política, el pánico es mortal. Maduro lo sabe.

Ahora Maduro confirma la línea. El Aissami sigue apareciendo como el operador del régimen en materia económica y en materia petrolera. Que lo haya designado en el Ministerio del Petróleo es otra confirmación. Porque El Aissami viene ejerciendo desde tiempo atrás como factor principal dentro de la industria petrolera, a pesar de que en la presidencia de PDVSA aparecía el general Manuel Quevedo, que se va, con más pena que gloria, sustituido por Asdrúbal Chávez.

Cuando salió en defensa de Rangel Silva, Chávez tenía a su favor que sobre él no pesaba ninguna acusación por narcotráfico aunque el poder chavista ya estaba señalado de ser aliado de las FARC, y del ELN, y de hacerse la vista gorda ante las operaciones de los carteles de la droga de Colombia y México. Con Chávez, Venezuela pasó a ser puente clave del narcotráfico. El general Hugo Carvajal, el exjefe de contrainteligencia de Chávez, es quien ha dicho que el narcotráfico penetró todas las estructuras del país. El mismo está escondido porque está acusado del delito de narcotráfico.

Sobre Maduro, en cambio, de manera directa pesa una acusación por narcoterrorismo. Y desde 2013 a esta fecha, es mucho lo señalado y mucho lo probado sobre las implicaciones de altas figuras del régimen con el narcotráfico. De modo que lo que hace Maduro con El Aissami es como un juego en familia. De la familia del poder. Pero esto indica que Maduro no entra en pánico. Tampoco entra en pánico El Aissami. Siguen declarando que son inocentes, y que todo forma parte de una trama del imperio para destruir la revolución bolivariana. El Comando Sur de los EEUU se montó en la más grande operación antidroga del Caribe, y Maduro tampoco entró en pánico, en el entendido de que esa operación tiene un objetivo: Maduro mismo.

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Otra vez se impone el reparto del poder. Manuel Quevedo estaba vinculado a Diosdado Cabello pero en verdad quien lo impuso en PDVSA fue Cilia Flores. Pero en la estructura de la empresa participaban fichas de los otros grupos, de Diosdado Cabello, de Tareck El Aissami, de Maduro mismo, de Cilia Flores. Esta recomposición simplifica un poco el esquema de poder del lado de Tareck El Aussami y Maduro. O más del lado de Maduro, tomando en cuenta que El Aissami es un aliado de Maduro desde que Chávez se enfermó. Entonces, Tareck El Aissami que era ministro de Interior, se la jugó con Maduro, pues el propósito, en principio, era cerrarle el paso a Cabello. También Asdrúbal Chávez fue de los que jugó los dados de la suerte con Maduro. Ya Maduro lo había recompensado con la presidencia de Citgo y ahora lo coloca en la presidencia de PDVSA.

Todo este juego lo hace Maduro en medio de una crisis profunda. Emergencia petrolera, crisis económica, crisis sanitaria, tensión social, tensión política, hambre y protestas y coronavirus. Una situación de preconflicto, como dice el expresidente de PDVSA, Rafael Ramírez. Pese a todo, Maduro mueve las piezas y cierra más el anillo del poder. Y esto será porque Maduro aun no entra en pánico. Envía un mensaje interno y envía un mensaje a los Estados Unidos de que sigue manteniendo el control. En política, el pánico es mortal. Maduro lo sabe.

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