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Por dónde van los tiros de la rebelión de Wilexis y el contraataque de Maduro

domingo 10 de mayo de 2020, 14:39h
Por César Morillo (KonZ).- ¿Qué se esconde detrás de los sucesos de Petare, donde un jefe de banda se le subleva a Maduro, hasta ahora su protector, y decide enfrentarlo? Lo que estamos viendo es una grieta nueva en el entramado del poder madurista. La otrora hegemonía en las barriadas caraqueñas, sustentada en programas sociales dirigidos a sus seguidores y sobre todo en la fuerza amedrentadora de las bandas armadas, hoy se ve amenazada por esta insubordinación que Maduro ha decidido detener usando su fuerza de exterminio.
Petare zona roja y zona de guerra de Maduro / Foto: @NicolasMaduro
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Petare zona roja y zona de guerra de Maduro / Foto: @NicolasMaduro

Los colectivos son bandas armadas protegidas por Nicolás Maduro y las instituciones a su servicio para ejercer control sobre las barriadas populares en las principales ciudades de Venezuela. Ésta es una diferencia con los fenómenos delincuenciales de otros países latinoamericanos, donde las barriadas y favelas son azotadas por delincuentes que crecen al margen del Estado, y aunque incluso llegan a penetrar algunos resquicios institucionales, su aparición y desarrollo no ha sido promovida desde las más altas instancias del poder.

En Venezuela el chavismo-madurismo ha protegido a delincuentes comunes, los dotó de armamento militar, municiones y dinero, a cambio de que estos irregulares les garantizaran control en las barriadas populares. Y es esa precisamente una de las principales causas que explican de la progresiva inmovilidad popular, cada vez más atemorizada de salir a protestar por la amenaza que suponen esos grupos, fuertemente armados y protegidos desde el Palacio de Miraflores.

En Venezuela el chavismo-madurismo ha protegido a delincuentes comunes, los dotó de armamento militar, municiones y dinero, a cambio de que estos irregulares les garantizaran control en las barriadas populares.

Otra razón poderosa que llevó a darles impulso a estos grupos delincuenciales consistía en la necesidad de mostrar una fuerza diferente al ejército bolivariano, no del todo afecto a Maduro, ante un posible acto de insurrección desde los cuarteles.

Ya en 2014 se produjo un enfrentamiento con el mismísimo Ministro de Interiores, el general Miguel Rodríguez Torres, hoy preso en los calabozos del régimen, cuando éste decidió enfrentar el centro de operaciones de uno de estos colectivos armados. A Maduro no le tembló el pulso, y destituyó al ministro.

No es que el chavismo haya creado al delincuente y sus bandas, pero lo que sí ha hecho es protegerlos y darles un estatus nunca antes conocido. Imagínense ustedes que Pablo Escobar o el Chapo Guzmán hubiesen sido protegidos abiertamente por la presidencia de Colombia y México respectivamente ¿A dónde hubiesen llegado?

Claro que ambos casos contaron con colaboración de instituciones que se corrompieron. Pero el extremo de lo que ocurre en Venezuela es que incluso se les otorga la jerarquía de luchadores al servicio de la revolución. Craso error.

Ahora ocurrió lo inevitable, una banda se les salió de control y Maduro recurre a lo que mejor sabe hacer, confrontar el alzamiento al mejor estilo de las mafias, a fuego limpio, lo que ha generado un enfrentamiento entre bandas que tiene en alerta máxima a los habitantes del sector José Félix Ribas, ubicado en el barrio de Petare, el más populoso de América Latina.

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Lo que estamos viendo es una grieta nueva en el entramado del poder madurista. La otrora hegemonía en las barriadas caraqueñas, sustentada en programas sociales dirigidos a sus seguidores y sobre todo en la fuerza amedrentadora de las bandas armadas, hoy se ve amenazada por esta insubordinación que Maduro ha decidido detener usando su fuerza de exterminio. Posiblemente tenga éxito dada la descomunal desproporción de poder de fuego a su favor, lo que no significa que no estemos viendo un avance acelerado del deterioro de su poder.

Las llamadas zonas de paz ya no lo son tanto y los barrios cerca de Miraflores cada vez tendrán más razones para mostrar su descontento y quizás menos muros de contención.

Con este episodio, que muestra con crudeza el profundo deterioro de una sociedad sacudida por todos los costados y todos los males juntos, hemos visto aparecer muchos memes donde colocan a Wilexis, el jefe pandillero rebelde, como una especie de nuevo héroe que insurge contra el poder de Maduro. Quizás sea éste el epitafio del deterioro y la anomia que nos caracteriza como sociedad.

Estamos mal y quisiera decir que vamos bien, pero cuesta escribirlo.

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